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COLUMNA

Inhibidores

Esto de los inhibidores, y perdonen que parezca que lo tomo a coña, es una tontería: recuerden que Rafic Hariri llevaba más inhibidores que los que hay en venta en el mercado internacional, y que de todas formas voló por los aires el 14 de febrero de 2005, aciago día que algunos dan como iniciático de la nueva tanda de desastres que gotean en Líbano, extendiendo el mapa del horror en la región. Aquí lo importante es que el ministro de Defensa no se arrugue ante Big Marlaska: se va a los países en conflicto con lo que se tiene, y si hay que ir comprando más cosas conforme van surgiendo los problemas, pues se compran. Pero un periodista en la línea de fuego, por mucho casco y chaleco antibalas que le endosen, si hay bombazo, pues son gajes del oficio, como con los soldados.

Existe otra ausencia de inhibidores más cotidianos, más de uso normal, cuya ausencia resulta mucho más sobrecogedora, aunque a nivel de desperfectos apenas nos roce la conciencia con la hoja de un geranio. En la trágica historia del fin de ese inmigrante nigeriano fallecido, al parecer por asfixia y en pleno uso de las facultades de amordazamiento de quienes se encargaron de meterlo en el avión, contuso y etcétera; esa historia, afirmo, presenta dos graves carencias de inhibidores.

Una por la parte contratante -los policías deportadores-, desinhibidos por completo de eso que podría llamarse ¿humanidad? Pues por mucho que el interfecto, Osamuyia Aikpintanhi, mostrara un comportamiento agresivo (hay gente a la que le sienta fatal que le deporten, con la de travesías que llevan), disponemos de equipos de psicólogos que lo mismo que atienden en catástrofes o atentados podrían hacer entrar en razón a estos perdedores de la Historia que, además, siendo negros seguramente son más dóciles. Una terapia intensiva y un lexatín quizá habrían obrado milagros, y ahora los pobres agentes no sufrirían esa desazón de la mordaza previa.

La segunda falta de inhibidores la presenta el occiso. Es obvio que Osamuyia vino muy mal provisto de inhibidores contra métodos deportadores expeditivos.

Y les dejo porque voy a vomitar. He visto la foto de Schwarzenegger y Blair saludándose y carezco de inhibidores para el asco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de junio de 2007