Reportaje:Fútbol | 38ª jornada: Madrid, Barça y Sevilla se juegan el título

El título más ansiado

El Madrid puede ganar frente al Mallorca su primer campeonato después de cuatro años, la mayor sequía de su historia

En Valdebebas hay un ventanal de cristal recubierto por una capa de plástico traslúcido. Esta superficie impediría por sí sola ver el campo y, en él, los entrenamientos secretos de Capello, si no fuera por un pequeño agujero en la película. Ayer, por ese agujero se vio a Diarra con el peto de los titulares, junto a Gago, ensayando el enfrentamiento que puede decidir el campeonato, frente al Mallorca. El resto de la alineación del partido más importante que jugará el Madrid desde que logró su última Liga, en 2003, no pudo verificarse porque un guardia privado se interpuso tapando el orificio al grito de: "¡No se puede mirar!".

"No debemos tener ganas de meter un gol de inmediato", dice Capello. "Seamos serios"

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El Madrid de Capello es cosa de asombro. Cuenta con guardias uniformados que custodian hasta las ranuras. El hombre ha importado de Italia el celo secretista, el discurso autoritario, las gafas de diseño y unos conceptos tácticos vaporosos que los jugadores no entienden, pero que al final inspiran a cada uno a hacer cosas de provecho. El "espíritu" es el más manido e indefinible de estos artilugios dialécticos. La "seriedad" es otro. Ayer echó mano de este último para decir cómo quería que su equipo le jugara el partido al Mallorca esta noche: "Con seriedad".

Como esto no basta para explicar nada, Capello apuntó algo más: "Alrededor de nosotros se ve mucha euforia. Tenemos que tener mucho cuidado en este sentido. Hay que hablar con los jugadores. Hay que trabajar psicológicamente. No entrar al campo con ganas de meter un gol de inmediato. Hay que jugar un partido serio".

Cuando Capello dijo "serio" su voz se hizo profunda y más estridente y su mentón, su frente, todo su organismo, experimentó un temblor. Como el resto de los habitantes de Valdebebas, el italiano sentía el impulso arrebatado de acudir a ganarle al Mallorca como si se tratase del último partido de fútbol de su vida. Las causas son evidentes. El Madrid sufre la peor sequía de títulos de su historia y después de 37 jornadas de Liga, el Barça tiene sus mismos puntos y el Sevilla acecha a dos. Para evitar ahogos, sería imprescindible que el Madrid le metiera un gol al Mallorca cuanto antes. Capello lo sabe y le quita hierro al tema para no exasperar a sus jugadores. Los nota tensos. Tan ansiosos que, al salir del vestuario, Emerson tuvo que volver a la taquilla cuatro veces antes de dejar de olvidarse objetos personales. Ayer Valdebebas estaba atestada de seguidores que acosaban a los jugadores con sus palmaditas y sus requerimientos. La gente pide la Liga.

"La seguridad en el gol no existe", comentó Capello, en referencia a la magnífica temporada de Van Nistelrooy. Ni siquiera la presencia del holandés, el pichichi, tranquiliza al entrenador en momentos de ansiedad: "Toda convicción es fantasía".

"No me preocupa mi futuro", respondió Capello cuando le preguntaron por la posibilidad de ser despedido tras el partido. "No tengo problemas. Tengo suerte", enfatizó. Sonriente, dio la impresión de ser sincero. Si el Madrid pierde esta noche, siempre le quedará su mesón, sus pinturas abstractas y el jamón de bellota.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 16 de junio de 2007.

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