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El ataque contra la mezquita de Samarra desata venganzas chiíes

El toque de queda decretado por el Gobierno iraquí ha evitado una orgía de destrucción. No obstante, los chiíes arrasaron ayer seis mezquitas suníes en los alrededores de Bagdad, en represalia por la destrucción de dos minaretes del santuario de Samarra, de enorme carga simbólica para los primeros, el pasado miércoles. Las autoridades temían un incontrolado estallido de la violencia, como en febrero de 2006, cuando un primer ataque contra la mezquita dorada de Samarra (a 110 kilómetros al norte de Bagdad) desató una guerra civil entre las dos comunidades que causó miles de muertos. En esta ocasión, líderes religiosos chiíes como Alí al Sistaní hicieron llamamientos a la calma. Fuentes próximas al Gobierno iraquí indicaron ayer que el toque de queda podría ser levantado mañana sábado.

Mientras el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, ordenó ayer el envío de una brigada especial de fuerzas de seguridad a Samarra, un portavoz militar de Estados Unidos, el teniente coronel Christopher Garver, manifestó: "Queremos asegurarnos de que no se repita aquello que ocurrió en febrero de 2006". Sin embargo, a pesar de la relativa tranquilidad en Samarra, la violencia se extendió por Bagdad y otras ciudades. Los responsables militares estadounidenses indicaron que todos sus efectivos estarán movilizados hoy viernes, jornada de oración para los musulmanes, ante la posibilidad de manifestaciones, disturbios y enfrentamientos entre chiíes y suníes.

Milicianos suníes, presumiblemente vinculados a Al Qaeda, se enfrentaron ayer en intensos combates a seguidores del Ejército del Mahdi, las milicias del clérigo chií radical Múqtada al Sáder, en la ciudad de Al Maqdadiya, a unos 85 kilómetros al noroeste de Bagdad.

En otro episodio de violencia, el Estado Islámico de Irak, alianza de grupos suníes con vinculaciones con Al Qaeda, anunció ayer que había "ejecutado" a 14 policías y soldados iraquíes, según un vídeo difundido por esta organización. El grupo había lanzado un ultimátum de 72 horas para que liberaran a las mujeres suníes prisioneras en las cárceles de Irak.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de junio de 2007