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Crítica:LAS RELIGIONES A DEBATE

Los intelectuales y la fe

Antonio Monda indaga el lugar que queda para la espiritualidad entre los intelectuales de un país que se declara mayoritariamente creyente. La incompatibilidad o no entre fe y creación artística, la perplejidad ante la trascendencia, la convicción total en la existencia de Dios o en su no existencia, muestran un catálogo de creencias imposibles de unificar.

Para Antonio Monda (Cosenza, 1962), ¿existe Dios? es la primera pregunta de la cual dependen todas las demás, "aunque no se hable de ello abiertamente". En su último libro, ¿Crees en Dios?, Monda, profesor de dirección cinematográfica en la New York University (NYU), corresponsal cultural de La Repubblica y crítico de cine, recoge, en forma de minientrevistas, la respuesta a la "gran cuestión" que le dieron 18 intelectuales, cineastas y artistas estadounidenses. Paul Auster, Saul Bellow, Michael Cunningham, Nathan Englander, Jane Fonda, Richard Ford, Paula Fox, Jonathan Franzen, Spike Lee, Daniel Libeskind, David Lynch, Toni Morrison, Grace Paley, Salman Rushdie, Arthur Schlesinger Jr., Martin Scorsese, Derek Walcott y Eli Wiesel, aceptaron describir, con más o menos reservas, las características de su espiritualidad.

¿CREES EN DIOS?

Antonio Monda

El Tercer Nombre. Madrid, 2007

155 páginas. 14 euros

Monda, que se declara "católico, apostólico y romano", quiso indagar en algo que le intrigaba: el 90% de los estadounidenses se declara creyente y, sin embargo, en los ambientes intelectuales ese porcentaje cae drásticamente. "Cuanto más se asciende en el nivel de educación, de refinamiento, de cultura, ¿menos religión hay porque se considera fantasía, engaño o ilusión?".

La reacción de los "sabios e

inteligentes" interrogados demuestra que su sentir religioso transita por caminos bien dispares. Desde la fe auténtica que profesan Saul Bellow y Elie Wiesel, ambos judíos, hasta el ateísmo que Arthur Schlesinger Jr. proclama con la "frialdad de la inteligencia". "No puede existir un paraíso sin un infierno. Pero yo no creo en ninguno de los dos. Yo creo que la muerte es simplemente el fin", afirma el historiador recientemente fallecido. Salman Rushdie dice no haber creído nunca: "No logro superar un hecho trágico, íntimamente ligado a la religión: la sangre derramada en nombre de Dios". Y no faltan quienes han buscado su propia vía, como el cineasta David Lynch, que practica la meditación trascendental desde hace más de treinta años, pero cree "que existe un ser divino, todopoderoso y eterno".

Ni tampoco quienes intentan zafarse con evasivas para acabar respondiendo, acaso sin demasiada convicción o con pudor: "No creo. Lo que no quiere decir que no considere la religión un aspecto culturalmente fundamental de la existencia", confiesa un incómodo Paul Auster. "No quería hablar de ello. Pero al final lo convencí", dice Monda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de junio de 2007

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