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Entrevista:Emir Suljagic

"Me niego a juzgar a la gente por lo que hizo para sobrevivir"

De 1992 a 1995, Srebrenica fue escenario del genocidio de los bosnios musulmanes. Uno de sus sobrevivientes relata lo sucedido en Postales desde la tumba.

El escritor bosnio Emir Suljagic tenía 17 años cuando vio cómo columnas de soldados serbios entraban en el este de Bosnia para desatar la limpieza étnica contra los musulmanes. Suljagic, de 32 años, logró ser contratado como traductor de Naciones Unidas en una ciudad, rodeada por los militares serbios, a la que habían huido decenas de miles de refugiados que escapan de la muerte. El nombre de esta localidad, en un remoto rincón de los Balcanes, era entonces desconocido y ahora ha entrado a formar parte de la geografía de la infamia y del genocidio: Srebrenica. Suljagic, que como periodista se especializó en crímenes de guerra y ha seguido la pista durante años de los principales responsables de aquellos crímenes, los serbios Ratko Mladic y Radovan Karadzic, sobrevivió, aunque la mayoría de sus familiares fueron asesinados. Postales desde la tumba, que acaba de publicar en castellano Galaxia Gutenberg, es un libro extraordinario, un viaje devastador al corazón del horror, un inolvidable, conmovedor y terrible relato bélico a la altura de Despachos de guerra, de Michael Herr. Es como, dijo The Economist, una obra destinada a perdurar.

"Todo lo que soy está condicionado por el hecho de que en un momento de mi vida estaba en Srebrenica y sobreviví"

PREGUNTA. ¿El hecho de ser un superviviente de Srebrenica marcará toda su vida?

RESPUESTA. Durante años, Srebrenica ha sido el centro de mi vida. En cierta medida, y espero que se entienda lo que quiero decir, extrañé Srebrenica durante mucho tiempo; no sé si es la naturaleza de la guerra, si porque las relaciones entre la gente en un lugar como Srebrenica tienden a concentrarse en lo esencial, o porque perdí a personas muy queridas. Y es algo que he oído a otros supervivientes, que serían capaces de pasar por todo, las bombas, el hambre, el miedo, sólo para estar con ellos de nuevo. Todo lo que soy y todo lo que veo y pienso del mundo está condicionado por el hecho de que en un momento de mi vida estaba en Srebrenica y, más importante, sobreviví.

P. En su libro hay momentos de horror absoluto, pero también instantes hilarantes, como cuando utilizaban la dinamo de una bicicleta para ver el mundial de fútbol bajo las bombas. ¿Recuerda Srebrenica de esta forma?

R. Hay muchas más cosas en Srebrenica que muerte. Cuando pienso en ello recuerdo cómo tratábamos de introducir algo de normalidad en el mundo lunático que nos rodeaba. Ésa es la razón por la que la gente utilizaba una dinamo para ver a Italia jugar contra Brasil en la final del mundial: querían ser normales, durante unos instantes, para vivir, para demostrarse que podían ser normales.

P. En su libro hay víctimas y asesinos, pero no estoy seguro de que haya buenos y malos, porque las víctimas también hicieron cosas terribles. ¿La guerra también destruye a la gente y no sólo en términos físicos?

R. No es algo único de los bosnios o de la antigua Yugoslavia, pero es cierto que lo peor de nosotros tiende a salir a la superficie en las guerras y somos juzgados por ello. Puedo escribir sobre ello, pero nunca voy a juzgar a la gente por lo que hizo para sobrevivir. No se puede pedir a nadie que renuncie a su instinto de supervivencia.

P. ¿Es posible otro genocidio en los Balcanes?

R. Me gustaría creer que ha sido la última guerra en los Balcanes. Pero, también sé, de manera intuitiva, que no hemos terminado con los genocidios, no sólo como bosnios, sino como seres humanos. Y hablo del genocidio que está ocurriendo en Darfur, mientras la comunidad internacional, la Unión Europea, está repitiendo allí los errores de Bosnia. Y sé de lo que hablo: nuestra incapacidad para aprender de episodios como Bosnia, Ruanda, el genocidio de los turcos contra los armenios. Preferimos atribuir esos episodios de violencia a unos pocos genocidas, antes que a las sociedades que han producido esos regímenes o, por citar a Karl Jaspers, las condiciones espirituales que permiten el nacimiento de los regímenes genocidas.

P. ¿Por qué la justicia internacional no ha cumplido con su deber con Karadzic y Mladic, los responsables civil y militar de la matanza de Srebrenica?

R. Hay un poco de todo: incapacidad, pragmatismo político, falta de interés... En el terreno técnico puede reducirse a la ausencia de un intento serio y honesto por parte de los servicios secretos. Pero también me gustaría recordar que Karadzic comió y bebió en las cancillerías europeas, que jefes de Estado y de Gobierno elegidos democráticamente se dirigieron a él como "señor presidente" y que su mujer y él iban de compras a Ginebra mientras sus tropas llevaban a cabo un genocidio en Bosnia-Herzegovina. Hay una gran parte de complicidad del mundo occidental con lo que ocurrió en Bosnia y ésa es una de las razones.

Postales desde la tumba. Emir Suljagic. Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Madrid, 2007. 209 páginas. 17 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de junio de 2007