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Editorial:

Fumaderos

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha tenido que salir a la palestra para recordar que la aplicación de la ley antitabaco, en vigor desde hace año y medio, sigue dejando mucho que desear. El informe constata que en muchas comunidades autónomas, que son las responsables de la aplicación de la norma, apenas se realizan inspecciones pese a que existen establecimientos donde claramente se infringe la normativa. Continúa existiendo gran descoordinación a la hora de aplicarla y muchas comunidades carecen de un registro de denuncias.

El trabajo de la OCU, realizado en casi un millar de establecimientos de 17 comunidades, revela sobre todo el fracaso que se registra en el ramo de la hostelería, a diferencia de los centros de trabajo donde la ley se cumple bastante bien. Sólo el 10% de los bares y el 15% de los restaurantes de más de 100 metros cuadrados han optado por ser espacios sin humo. El 85% de los restaurantes con zonas para fumadores han habilitado áreas demasiado amplias y el 37% carece de la separación física exigida. Pero si esas cifras resultan poco alentadoras, más preocupante es constatar que en lugares tan sensibles como los hospitales también falla la vigilancia. En cinco de los 17 centros sanitarios visitados por la OCU no existía señalización de prohibición de tabaco y en alguno se permitía fumar en la cafetería.

Por controvertida que haya podido ser la elaboración de la ley y complicada su plasmación, la idea de adoptar medidas para restringir el consumo de tabaco cuenta con el apoyo de 8 de cada 10 ciudadanos. Con ese respaldo, las administraciones deberían ser más activas en su aplicación. El consumo ha descendido, pero en una proporción menor de la esperada. El Ministerio de Sanidad estima que en todo este tiempo cerca de medio millón de personas ha dejado de fumar, es decir, más del 30% de la población adicta.

España, al igual que el resto de los países de la Unión Europea, ha suscrito el objetivo comunitario de que todos los espacios públicos y recintos cerrados se vean exentos de humo en 2009. Todo apunta a que esa meta quedará en sólo un deseo. Es verdad que los hábitos de una sociedad no cambian en una noche, pero también que para que lo hagan no basta con una ley muy detallada si luego las autoridades encargadas de aplicarla hacen la vista gorda. Sigue habiendo más temor a irritar a los fumadores que respeto al derecho de los que no lo son: el 55% sigue fumando en su presencia frente al 31% de media en la UE. La ley sigue siendo vista como un ataque al consumidor y no como una defensa del derecho a la salud de todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de mayo de 2007