Siete nuevas maravillas para 'las masas'
La iniciativa de las siete nuevas maravillas de la humanidad va camino de ser la mejor expresión de las teorías de Ortega y Gasset en relación con "el poder de las masas". Ahora resulta que hasta para determinar lo mejor del arte y la cultura de la humanidad -áreas que por su propia naturaleza compleja requieren un grado de educación y conocimiento importante- se recurre al voto popular. He entrado en la página que se ha habilitado para votar a los monumentos finalistas y me ha dado bastante pena. Entre las candidatas a "maravilla" figuran construcciones como la Estatua de la Libertad, la Ópera de Sydney o la Torre Eiffel, por nombrar algunos de los 20 preseleccionados.
Sin embargo, ni rastro de Versalles, la Basílica de San Pedro, Notre Dame, la Basílica de San Marcos, Il Duomo de Florencia, la Grand Place de Bruselas, el Parlamento Británico... por nombrar un pequeño número de ilustres construcciones tan sólo en Europa. Además, al ver la lista he sentido de forma mucho más patente el razonamiento orteguiano: ¿cómo puede tener el mismo valor el voto de un experto artístico que el de gente que no conoce ni de oídas muchos de los sitios por los que puede votar (estoy convencido de que el 90% de los votantes no sabe qué es ni dónde se encuentra Hagia Sophia). La inmensa mayoría no tiene ninguna noción del contexto de estas obras ni de su importancia artística y por lo tanto difícilmente pueden valorar su "maravillosidad".
Ésta debería ser una ilustre labor que debería estar en manos de expertos no de votantes, ya que en relación al arte el saber sí ocupa lugar, aunque algunos relativistas aprovechados nos quieran vender lo contrario. Un esperpento con un beneficiario claro, el creador de ese gag del marketing, que a partir de ahora pondrá en su carta de presentación, "yo fui el creador de la lista de las siete maravillas de la modernidad".
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