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viernes, 18 de mayo de 2007
Reportaje:

Marilyn Manson. Cabaré diabólico

No parece adecuado. Estamos en Londres y vamos a vernos con Marilyn Manson en el Metropolitan, un hotel fashion frente a Hyde Park. Uno esperaba algo más adecuado a su escabrosa imagen, algún sombrío edificio victoriano de los que abundan en esta ciudad. El Metropolitan, además, está identificado con los años locos del britpop, un movimiento a miles de kilómetros de la envenenada sensibilidad mansoniana.

Resulta que no hay error, que la cita es aquí. En los salones diviso a algunos periodistas europeos que llevan discretos atavíos góticos: ropa negra, herrajes metálicos, pelos de colores imposibles. Ellos son creyentes y su nerviosismo resulta contagioso: "Pobre Brian, debe de estar destrozado...". Brian es Brian Warner, el nombre de pila de Marilyn Manson, nacido en Canton (Ohio) el 5 de enero de 1969. Y la causa de sus pesares -la voz baja a un susurro- es el divorcio de Dita von Teese, su esposa durante poco más de un año, famosa modelo y bailarina de burlesque (para entendernos, una recreación de los espectáculos sexy de los años cincuenta). Ella fue la culpable, asegura nuestro confidente: "Es una sanguijuela que se aprovechó de la fama de Brian, y ahora que se ha establecido le deja en la estacada".

Según el argumento promocional, tras meses en el pozo negro de la desesperación amorosa, Marilyn ha vuelto a la superficie con Eat me, drink me, un disco de furia convencional, aunque con gratos ecos del glam rock. Uno creía que las estrellas del rock satánico no recurrían a ese tipo de inspiración, más propia de cantautores sensibles. Lo cierto es que Marilyn Manson, sin los polvos mágicos de Trent Reznor (productor, cabecilla de Nine Inch Nails), tiende a quedarse en sonidos tópicos y letras previsibles: vampirismo, automutilación, canibalismo, el diablo.

Eso sí, a primera vista, el artista prolonga en persona esa imagen de amante abandonado. Está encaramado a un sofá, formando una zeta. Extiende una mano lánguida e invita a que el periodista se sirva algo para beber. Tiene enfrente un vaso largo con una bebida fluorescente -huele a ¿zumo de kiwi?-, pero extrae una botella de absenta que agita ante mis ojos.

No, gracias. Demasiado pronto para mí.

Oh, no pasa nada. Como suelen decir, aquí es la una de la tarde, pero ya son las diez de la noche en algún lugar del mundo.

Lo tenía reservado para el final de la entrevista, pero, vale, hablemos de drogas. ¿Le han ayudado a paliar el dolor de la separación de Dita?

Quien tome drogas como analgésico es un idiota. Las drogas son un elemento recreativo. Y se toman mejor cuando estás en buena compañía, con amigos que se quieran divertir. Quizá también sirvan para conocerte a ti mismo, si te atreves a tomar el camino del exceso. Pero la mayoría de las personas se colocan para olvidar quiénes son. Y más en el rock, donde tantos traicionan su arte por el dinero.

Se supone que las actuales estrellas del rock hablan ahora más del entrenador personal que del dealer. Marilyn piensa que eso es hipocresía: "Mire, las compañías, cuando te dan un disco de oro o de platino, te ofrecen la posibilidad de fabricar algunas copias extra. Hay imbéciles que les regalan discos de platino a sus dealers. Se creen que así les saldrá gratis. Yo he ido a casas de dealers donde te invitan a rayas sobre el disco de platino de artistas que no te imaginarías jamás en esos lugares".

Es la opinión autorizada de alguien que alardea de haber fumado huesos de cadáveres, aunque avisa: "Dan un mal viaje. Es repugnante. En realidad, se trataba de poner a prueba a unos niños bien de Hollywood, que presumían de ser lo más cool del planeta. Les dijimos: 'Tenemos una bolsa de huesos, de los que se usan en ceremonias de vudú'. Y ellos: 'Claro, huesos de vudú'. ¡Me alegré de provocarles vómitos y pesadillas!".

La pregunta es obvia: ¿qué tipo de persona viaja con una bolsa llena de huesos humanos? Asegura que fue idea de un ex miembro de la banda, Twiggy Ramírez: "Habíamos visitado un cementerio abandonado y los huesos prácticamente salían a la superficie, como en una película de serie B. Suele ocurrir en Nueva Orleans: el suelo es esponjoso y reaparece lo que enterraron hace décadas. Era una tentación a la que no pudimos resistirnos".

Aunque allí grabó algunos de sus mejores temas, Marilyn odia Nueva Orleans con pasión: "Es la cloaca de América. Si evitas los lugares turísticos, sólo encuentras fealdad, mutilados perversos, yonquis, transexuales repugnantes... Hasta la policía está llena de tarados. Recuerdo el caso de unos agentes que atracaron un restaurante chino a cara descubierta y mataron a varios empleados. Nunca he visto una ciudad con tantos vampiros de pacotilla. Seres desesperados que se creen personajes de Anne Rice, pero sólo quieren chuparte la energía".

¡Mira quién se queja! Marilyn Manson atrae precisamente a un público extremista hasta lo grotesco. En uno de sus discos aparecen fotos de las slashers, esas chicas que se escriben con una cuchilla el nombre del personaje en el pecho. Marilyn es un imán para almas perdidas en busca de experiencias degradantes. En alguna gira ha llevado artilugios sadomasoquistas con los que fans de ambos sexos, una vez desnudados, eran obligados a confesar sus secretos más íntimos. Hasta grababan en vídeo esas sesiones de humillación, como si fueran experimentos sociológicos. No se ruboriza al recordarlo: "Oh, eran entretenimientos en el backstage, para tranquilizarnos después del concierto. Se trataba de juegos consensuados, eso debo recalcarlo, donde nadie fue dañado, en el sentido físico. Lo dejamos cuando comprobamos que muchos guardaban historias... A ver cómo lo explico..., historias tan terribles que preferíamos creer que eran imaginarias.

¿Y qué hacían cuando se encontraban con gente así?, ¿les mandaban al psiquiatra?

No creo en la psiquiatría. Y tampoco me considero responsable de la salud mental de mis seguidores. Si has pasado por situaciones deprimentes, tienes que superarlas con tus propias fuerzas. Estás realmente enfermo si esperas que una estrella del rock drogada hasta las cejas te enseñe el camino de la curación.

Manson creía que no había publicidad mala. Hasta que le quisieron hacer responsable intelectual de la matanza en el instituto de Columbine. Al recordarlo, su voz se hace más grave: "Todos hemos podido juguetear con la idea de matar a alguien que odiamos o que nos hace la vida imposible; generalmente, lo que nos detiene es el miedo al castigo. Al menos, ésa es mi experiencia. Sin embargo, no estoy dispuesto a cargar con los delitos de otras personas. De hecho, Eric Harris y Dylan Klebold [los autores de la masacre] no se consideraban fans de Marilyn Manson, creían que éramos demasiado comerciales; preferían a Rammstein o KMFDM. Pero los medios de comunicación no saben mucho del rock industrial alemán y me traspasaron la culpa a mí".

Lo que comenzó como un linchamiento mediático le permitió mejorar su imagen, gracias a su presencia en Bowling for Columbine, el documental de Michael Moore que partía de aquellos hechos para tratar la violencia en la sociedad estadounidense. "Me pasé unas semanas escondido, convencido de que había muchos fanáticos que querían matarme. Bueno, aún lo pienso [risas], pero en aquellos días el asesino habría recibido aplausos. Michael fue el único que decidió que yo tenía algo que comentar sobre el tema. Me he cruzado con miles de personas que me dicen: 'Usted es muy inteligente, lo he comprobado en la película'. Y yo tengo que sonreír mientras me pregunto qué tipo de información basura consumían antes de ese documental".

Nació una buena amistad con Michael Moore, aunque eso no signifique que le siga en sus ataques a la guerra de Irak. "No creo que ninguna plataforma contra la guerra quiera contar con Marilyn Manson [risas]. Además, ya había dicho que prefería a George W. Bush como presidente. No es que yo vaya a votar, pero me parece más transparente, más asquerosamente sincero. Con Kerry seguiríamos en Irak, aunque de forma más subrepticia".

Más que la política internacional, le preocupan las limitaciones a la libertad de expresión en su país, que afectan incluso a un artista especializado en la provocación: "Pensaba que la discográfica que me fichó, Interscope, sabía lo que se jugaba conmigo, pero me pasé días enteros peleándome con ejecutivos pusilánimes, que quieren censurarme letras, recortar el DVD o cambiar la canción que se edita como single. Intento meter en sus estúpidas cabezas que tengo un conocimiento más completo del público y de lo que se espera de mí".

El periodista debe reconocer una cierta incomodidad con Marilyn Manson. En los años setenta, el rey del shock rock era Alice Cooper; pero asumíamos que, una vez eliminado el maquillaje, volvía a ser Vincent Furnier, un caballero tirando a conservador, amante del golf. Con Marilyn no queda clara la diferencia entre el escenario y la vida cotidiana. Resulta repugnante su glorificación indirecta de los asesinos en serie: cuando abandonaron el circuito del death metal en Florida, los miembros del grupo llevaban como nombre el de algún icono femenino, y como apellido, el de algún serial killer. Para el líder, la referencia era clara: Charles Manson, aquel gurú hippy que teledirigió la matanza en la mansión de Roman Polanski y Sharon Tate, aparte de otras fechorías sangrientas.

Horroriza que usted fuera a grabar precisamente al lugar donde ocurrió lo de Sharon Tate.

Bueno, quien alquiló la casa fue Trent [Reznor]. Supongo que esperábamos experimentar allí algunas vibraciones que hicieran más intensa nuestra música. Y pasaron cosas difíciles de explicar: una noche, estando solos el técnico de sonido y yo, encontramos la voz de Manson en lo que estábamos mezclando. Salimos corriendo, claro. Al día siguiente había desaparecido de la grabación.

¿Qué decía exactamente?

Eran fragmentos de una de sus canciones. Entonces poca gente sabía que Manson había grabado unas cuantas canciones, que quiso ser una rock star. Recuerdo estar hablando con el bobito de Axl [Rose, vocalista de Guns N' Roses], y se quedó con la boca abierta cuando le conté que Manson tenía un disco, Lie. Después grabaron un tema suyo en The spaghetti incident.

Jura y perjura que Charles Manson nunca ha intentado ponerse en contacto con él. Sorprendente que alguien que ha pasado la mayor parte de su vida entre rejas no intente aprovechar el nombre del rockero para sumar aliados y presentarse bajo una luz favorable. Por el contrario, Marilyn reconoce que trató con Anton LaVey, el satanista californiano, pero siempre marcando las distancias.

"Cuando conocí a LaVey, ya estaba muy mayor. Permití que me diera un carné designándome sacerdote de su Iglesia de Satán. Ya sé que era algo esencialmente simbólico, pero no creo que tenga sentido crear el negativo de una Iglesia cristiana. En mi mundo, lo esencial es el individualismo. Aunque coincida con muchos de los valores que defendía LaVey, no me apuntaría seriamente a su organización ni a ninguna otra. Y me creó muchos problemas. Me han llegado a acusar de sacrificar niños? Pero los bebés, curiosamente, se llevan bien conmigo".

Aunque muchas ciudades de diferentes países hayan intentado prohibir sus conciertos, el historial delictivo de Marilyn resulta trivial: encontronazos con policías o agentes de seguridad que han terminado en multas o arreglos extrajudiciales. De todos modos, le hicieron sentir el paso del odio: "Cuando te han llevado a una celda, te han quitado toda la ropa y te han deshumanizado, no lo sientes como algo trivial. Sabes que vas a pasar varias horas a su merced, hasta que consigas salir bajo fianza, y que eres su trofeo. Traen a sus compañeros para que te vean. Te amenazan con encerrarte junto a los psicópatas. Puedes sufrir cualquier accidente.

¿Y qué se hace en esos casos? ¿Intenta explicarles que todo lo suyo se queda en un espectáculo? Al final, usted es esencialmente un gran 'showman'.

No. Te callas e intentas hacerles entender, pero muy, muy sutilmente, que tienes unos abogados que, si se exceden, les harán la vida muy incómoda.

¿No muestran rasgos de humanidad? Por ejemplo, curiosidad...

Bueno, alguno se relaja y te puede hacer algún gesto de complicidad. Esencialmente se asombran de que no tenga cuernos, rabo y pezuñas.

En las distancias cortas funciona el encanto de Marilyn Manson. Vestido de paisano, exhibiendo esos tatuajes-de-centro- comercial, parece exactamente un larguirucho fan de heavy metal que no pasa demasiado tiempo al sol. Periodista musical en sus inicios, sabe cómo cubrir las necesidades de los plumillas. Suelta de carrerilla su discurso sobre lo importante que es el nuevo disco en su evolución, reclama un poco de atención respecto a sus desdichas matrimoniales... y atiende a la curiosidad ajena con eficiencia, aunque haya contado mil veces las mismas aventuras. Tiene su punto juguetón: "Hemos discutido sobre Charles Manson, pero no me ha preguntado por mi madre, por Marilyn Monroe".

"Marilyn también tenía su lado oscuro, pero no hablamos mal de los que han muerto prematuramente, ¿verdad? Anton [LaVey, el satanista] me contó historias truculentas de Marilyn, pero reconocía que eran de segunda mano, anécdotas tipo Hollywood Babilonia. Con quien sí intimó fue con Jane Mansfield. Según él, Jane murió por una maldición suya contra su chulo. Fue un daño colateral. Quizá un brujo no debería presumir de sus poderes cuando son tan poco... afinados [risas]. Aunque el accidente que los mató tuvo lugar en Nueva Orleans, y allí todo está alterado.

Tampoco hemos hablado mucho del Hollywood actual. El año pasado anunciaba en el festival de Berlín su debú como director, con 'Fantasmagoría: las visiones de Lewis Carroll'. Pero no se ha vuelto a saber nada...

No puedo contarle más que lo obvio: que el negocio de Hollywood es más depravado que el negocio del rock. Como me avisó Alejandro Jodorowsky, no es un lugar para alguien que pretenda hacer arte.

'Eat me, drink me' (Universal) se edita el 4 de junio. Marilyn Manson encabeza el Festival Lorca Rock, en Murcia, el sábado 2 de junio.

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