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Crítica:

Hurgar en el alma de un país

Toda dictadura acaba lanzando un eco patético en dirección al futuro: el arquetipo social, tristemente común, integrado por quienes sobreactúan su condición de pretéritos resistentes con la complicidad de la desmemoria colectiva. En otras palabras, todos conocemos a alguien "que corrió frente a las porras de los grises" (según sus propias palabras), a pesar de que su actual circunstancia transpire una mansedumbre medular, un conformismo que, probablemente, siempre estuvo allí. Pasados 16 años de la caída de Ceausescu, 12:08 al este de Bucarest, esquinada comedia rumana de maneras minimalistas, le busca las cosquillas al arquetipo esgrimiendo una pregunta que quizás toda cultura posdictatorial debería formularse: ¿existió realmente una revolución (o, según el caso, una transición)?

12:08 AL ESTE DE BUCAREST

Dirección: Cornelio Porumboiu. Intérpretes: Mircea Andreescu, Teodor Corban, Ion Sapdaru. Género: Comedia. Rumania, 2006. Duración: 89 minutos.

Ambientada en un pueblo no identificado, la película de Cornelio Porumboiu describe la Rumania democrática como una sucesión de interiores desolados, atrapados en cámara fija y habitados por figuras tristes. Quizás lo único que se mueva en el país (y en la película) sea la cámara manejada con cómica torpeza por el operador de un programa televisivo donde se va a debatir sobre el tema: las 12.08 son las coordenadas horarias que van a determinar si, localmente, tiene sentido hablar de revolución.

El cuerpo narrativo del filme tiene forma de sketch lacerante y lúcido, aunque un tanto alargado. Porumboiu demuestra que un sketch puede ser un formato válido para hurgar en el alma de un país, pero siempre será insuficiente para alimentar el metraje de una película.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de mayo de 2007