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Tribuna:

¿Una ciudad educadora?

En plena campaña electoral, conviene recordar que Barcelona ha sido y pretende ser una ciudad especialmente activa en temas educativos. Marina Subirats tuvo el acierto de impulsar la publicación Un segle d'escola a Barcelona. Acció municipal i popular 1900-2003, que de hecho servía de base documental a la exposición que sobre el mismo asunto organizó el Instituto de Educación de la ciudad. En el libro se ofrecen las claves para entender la evolución paralela de la ciudad y de la educación en el pasado siglo, poniendo de relieve la decidida acción municipal en la cuestión educativa (con o sin competencias formales), y la fuerza de la iniciativa civil para buscar alternativas cuando la historia inacabable de dictaduras de este país así lo exigía. Desde Rosa Sensat hasta Marta Mata, desde Ferrer i Guàrdia hasta el colectivo de escuelas del CEPEPC, la tradición educativa y la significación que se ha dado al asunto en la ciudad ha sido una constante, aunque se hayan padecido "retrocesos espectaculares y trágicos" en determinados momentos, como bien recuerda Jaume Carbonell, comisario de aquella exposición y autor de la introducción del libro. El texto acaba con el recuerdo a la declaración de Barcelona de 1990, que sirvió de arranque al movimiento de ciudades educadoras, que hoy cuenta con decenas y decenas de ciudades asociadas de todo el mundo.

Pensar en una 'ciudad educadora' pasa por reforzar los poderes y los recursos educativos y coordinar todos sus componentes, desde la 'escola bressol' a la escuela de adultos y las actividades educativas para gente mayor, pasando por la Universidad

¿A qué viene todo esto? Pues viene a cuento para comprobar hasta qué punto el asunto de la vinculación entre ciudad y educación está hoy presente en los programas electorales y en las inquietudes y prioridades de los partidos y coaliciones que se presentan a estas elecciones. Todos sabemos que la educación (y no sólo la enseñanza) es un elemento central en la calidad de vida de los ciudadanos. La conexión entre educación y salud, entre educación y empleo, entre educación y participación social y política, entre educación y autonomía individual es profundísima, y no hay estudio que no lo constate una y otra vez. Por otra parte, todos oímos llenarse la boca a los políticos sobre la especial significación de la educación. O vemos también que cada vez que ocurre cualquier problema, los ojos de nuestros dirigentes se posan en la escuela pidiendo colaboración para acabar con la violencia doméstica, la inseguridad ciudadana, la recogida de residuos o los accidentes de tráfico. Pues bien, no parece, viendo los programas, que esa especial sensibilidad de los políticos sobre esta cuestión se haya visto reflejada adecuadamente en los programas, salvo excepciones meritorias, y no será porque no tengamos problemas.

La proporción de escuelas concertadas y de escuelas públicas en la oferta disponible en la ciudad no es la más adecuada para asegurar la equidad exigible al sistema. A pesar de la buena voluntad y de la vocación de servicio público de una parte de la escuela concertada, seguimos teniendo problemas de prematriculaciones, de cuotas de fundaciones o de selección de los estudiantes, que por mucho que se hable de mejorar la cuantía económica de los conciertos no dejará nunca satisfechos a quienes buscan en la escuela un elemento esencial de mantenimiento de las diferencias. El fracaso escolar y los problemas para alcanzar mayores cotas en educación secundaria posobligatoria y en acceso a la Universidad en algunas zonas de la ciudad clama al cielo. No podemos dejar que la cuestión de los libros escolares se resuelva a base de cheques individualizados, y debe por tanto avanzarse en fondos colectivos a gestionar por los consejos escolares y las ampas. La ciudad necesita una mejor distribución de escuelas públicas en el territorio, completar el despliegue de escoles bressol y establecer zonas educativas que permitan una gestión más integrada y al mismo tiempo autónoma de ese agregado de centros. Debe avanzarse hacia una mejor integración de servicios públicos y de iniciativa social (escuelas y espacios escolares abiertos al entorno, escuelas de adultos, centros cívicos, bibliotecas, infraestructuras culturales, esplais, entidades de los barrios, empresas...) en una lógica de espacio educativo integral. El esfuerzo en educación de adultos y en la incorporación de la gente mayor a los espacios educativos es urgentísimo, y deberíamos empezar a pedir a las universidades de la ciudad más retorno social al mismo tiempo que mejoramos su financiación. La ciudad educadora debe serlo de 0 a 100 años. Más caminos escolares y más urbanismo educativo. Todo ello reforzando las competencias, recursos y capacidad de gobierno del consorcio Generalitat-Ayuntamiento.

Algo de todo eso podemos encontrarlo en los programas de los partidos. Pero, desde mi punto de vista, no con el suficiente énfasis. No hay proporción entre la preocupación de la mayoría de partidos en los asuntos de seguridad o inmigración (que en muchos casos aparecen en el primer lugar de sus programas) y lo que se dedica a educación. En el caso de Ciutadans, aún esperamos que le llegue el turno a que su candidata nos cuente algo de educación, y al ritmo de una propuesta temática en su blog cada dos días no sé si llegaremos a tiempo. Pero lo más grave es que si bien la lista de propuestas (sobre todo en los casos de convergentes, Esquerra e Iniciativa) es muy completa, ambiciosa e incluso detallista, echamos en falta una concepción avanzada y estratégica de cómo vincular proyecto de ciudad y proyecto educativo. ¿Qué educación queremos para qué ciudad? ¿Cuál es el modelo de ciudad al que aspiramos y qué papel desempeña en ello la educación, entendida en su sentido más amplio y vital? Pensar en una ciudad educadora pasa hoy por reforzar drásticamente los poderes y recursos educativos de la ciudad, articular y coordinar todos sus componentes, públicos y no públicos, desde la escola bressol hasta la escuela de adultos y las actividades educativas para gente mayor, pasando por la Universidad, y vincular ese esfuerzo a construir una ciudad para todos, generando condiciones adecuadas para que todos, individual y colectivamente, puedan llegar a su plenitud como personas. Personas que puedan así formar parte de una comunidad plural de individuos autónomos.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de mayo de 2007