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Crítica:

Nostalgia de Kieslowski

Tras su memorable trilogía de los Tres colores (Azul, Blanco y Rojo), y antes de que un infarto acabara con su vida, el maestro polaco Krzysztof Kieslowski preparaba una nueva tríada sobre el cielo, el infierno y el purgatorio. Heaven, dirigida finalmente en 2002 por Tom Tykwer (Corre, Lola, corre), era un tanto fallida pero de ningún modo tan despreciable como para que los distribuidores españoles la dejasen pasar. Así que ahora nos llega la segunda entrega, El infierno, filmada por Danis Tanovic (En tierra de nadie).

"Me perdí buscando", dice en una frase repleta de hondura una de las tres hermanas protagonistas de la película. Para Kieslowski, las tinieblas están más buscadas que encontradas, la gloria y el averno habitan en los lugares más insospechados y en la historia importan mucho más las consecuencias dolorosas del drama que la tragedia en sí misma, que el hecho que lo provoca. Sin embargo, Tanovic se empeña en facilones homenajes al polaco (la anciana que no llega al contenedor del vidrio, el travelling con la mujer dolorida arrastrando su mano por la pared...), en un exceso de simbología (la avispa que se ahoga en el vaso, la planta que se marchita cuando tocas sus hojas...) y hasta en cierta retórica discursiva.

EL INFIERNO

Dirección: Danis Tanovic. Intérpretes: Emmanuelle Béart, Karin Viard, Marie Gillain. Género: drama. Francia, 2005. Duración: 98 minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de mayo de 2007