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Expertos de 45 países plantean la regulación del turismo en la Antártida

El peligro medioambiental que supone para la Antártida el creciente número de turistas que cada año visitan el continente blanco será uno de los temas que se debatirá en el 30 encuentro consultivo del Tratado Atlántico que comenzó ayer en Nueva Delhi. "El turismo es una auténtica molestia. La intervención humana en forma de turismo está afectando al ecosistema y debe parar", mantuvo dijo ayer el científico indio U. R. Rao, uno de los expertos de 45 países que participan en este encuentro en el que se analizará el impacto de la actividad humana y el cambio climático en la Antártida.

Las opciones que se barajan van desde la prohibición total a la imposición de restricciones a este fenómeno. Así por ejemplo, los operadores de turismo plantearon ayer la necesidad de regular las visitas turísticas frente a los expertos de organizaciones ecologistas que piden la prohibición de este turismo.

Cerca de 30.000 personas, cuatro veces más que hace diez años, se cree que llegarán este año a la Antártida para observar de cerca los pingüinos, las focas y las aves marinas. A ellos hay que sumar otras 7.000 que pasan en crucero por las proximidades del continente sin desembarcar.

El turismo en la Antártida "está creciendo muy deprisa", explicó el secretario ejecutivo del Tratado Atlántico, Jan Huber que, sin embargo, no considera que este incremento exija una prohibición pues considera que quienes practican este tipo de turismo son respetuosos con el ecosistema que hace "única" a la Antártida y ayudan a "crear conciencia" sobre su preservación.

La delegación del Gobierno británico también tiene previsto advertir en su intervención en Nueva Delhi sobre el peligro que representa para la Antártida el turismo masivo y reclamar su regulación, según aseguró ayer el diario británico The Guardian.

Temor a accidentes

La nueva reunión de los signatarios del tratado de 1961 que hizo de la Antártida una reserva natural dedicada a la paz y a la investigación científica viene precedida del accidente sufrido por un buque noruego, el MS NordKapp, que encalló en enero en la isla Decepción y generó un pequeño derrame de petróleo.

La delegación británica está preocupada tanto por el peligro de nuevos derrames como por el impacto medioambiental de los grandes transatlánticos que recientemente se han sumado a las excursiones que antes sólo se realizaban en barcos pequeños, con capacidad para 200 personas y que no podían permanecer, como ahora ocurre, varios días en las proximidades de la Antártida.

"Cuando esos buques transitan por aguas de la Antártida, están quemando fuel y contribuyen así a las emisiones que causan el cambio climático", advierte uno de los miembros de la delegación británica.

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