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Crónica:Fútbol | 31ª jornada de Liga

Pirès somete al Barça

El Villarreal juega su mejor partido de la temporada y barre a un rival chato y sin pegada

Pirès volvió al gran fútbol para someter al Barça. Tras una lesión gravísima en pretemporada, el centrocampista francés, de 33 años, recuperó de pronto toda la finura de sus mejores años para apretar la Liga, extraer la mejor versión del curso del Villarreal y vengarse de paso de la final de la Champions que, con el Arsenal, perdió el año pasado ante los de Rijkaard. Al Barça le sobró retórica y le faltó pegada, con Eto'o, Ronaldinho y Deco dimitidos y Messi descendido a los infiernos. El Barça sigue su calvario fuera de casa, donde ha penado todo el campeonato, falto de la agresividad imprescindible para ganar a domicilio, por mucho que Eto'o golpeara con el brazo a Cani con el partido ya decidido. Precisamente Cani también esperó hasta ayer para justificar su fichaje por el Villarreal. Enseñó por primera vez todo su talento. Encontró en Pirès el aliado perfecto. Sin olvidarse de Viera, que sacó manos y pies para frenar los remates, eso sí, demasiado previsibles de los delanteros azulgrana.

VILLARREAL 2 - BARCELONA 0

Villarreal: Viera; Javi Venta, Cygan, Fuentes, José Enrique; Senna, Josico (Tacchinardi, m. 62); Cani, Pirès (José Mari, m. 69), Marcos; y Forlán (Arruabarrena, m. 88). No utilizados: Barbosa; Gonzalo, Josemi y Jonathan.

Barcelona: Víctor Valdés; Zambrotta, Thuram, Puyol, Sylvinho

(Gudjohnsen, m. 72); Xavi, Iniesta, Deco; Messi, Eto'o y Ronaldinho. No utilizados: Jorquera; Oleguer, Gio van Bronckhorst, Motta, Giuly, Ezquerro y Saviola.

Goles: 1-0. M. 55. Cani asiste en profundidad a Pirès, que progresa para cruzar ajustado al palo sobre la salida de Valdés. 2-0. M. 84. A la salida de un fuera de banda, José Mari gana la posición a Puyol y toca para Cani, cuya asistencia la aprovecha Marcos para marcar con un remate con la zurda muy ajustado.

Árbitro: Pérez Burrull. Mostró la tarjeta amarilla a Iniesta, Josico, Senna, Puyol y Eto'o.

Unos 20.000 espectadores en el estadio de El Madrigal.

Con todos los ojos sobre él, Messi pagó tanta celebridad y descendió a los infiernos

En un ambiente festivo, nació un partido de espíritu libre, sin ataduras, en el que ambos equipos iban a jugar y a dejar jugar. Era la premisa fundamental. La creatividad tenía barra libre. A partir de ahí, el Barça tejió y destejió pacientemente su ataque sobre una tela amarilla más hermética de lo habitual. Y el Villarreal se desplegó con una claridad y coordinación ajena en gran parte de la temporada. ¡Qué belleza de espectáculo! Los pases en profundidad de Xavi, los controles de espuela de Pirès, los desmarques de Forlán...

El choque se llenó de pequeños tesoros. Los más valiosos los ofreció Xavi a sus compañeros. Dos a Eto'o en forma de globo y otro a Ronaldinho en un pase corto después de haber dejado correr el balón como si tuviera ojos en el cogote. Inteligencia pura. Viera, inspiradísimo, abortó con las piernas todos los disparos. El portero uruguayo, rey de los penaltis, se disfrazó ayer de pulpo. Xavi reinó en el centro del campo, bien acompañado por Iniesta y mal por Deco, que sigue desconectado.

El hombre del Villarreal fue Pirès. ¡Qué jugador se ha perdido casi todo el curso por culpa de la terrible lesión de pretemporada! Técnicamente es impecable. Con él, el cuadro de Pellegrini recuperó el toque, las combinaciones y la música, tanto tiempo ausente desde que se fue Riquelme. Precisamente por la ausencia del argentino, Rijkaard no necesitó esta vez de un sabueso como el que había utilizado en anteriores visitas al Madrigal: Motta o Edmilson, o en ocasiones los dos. El holandés prescindió de cualquier centrocampista de pierna larga, lo que siempre resulta una alegría para la vista.

Con todos los ojos sobre él, Messi pagó tanta celebridad y se marchó al descanso sin una jugada que rozara la gloria. La culpa también cabe atribuírsela al marcaje de José Enrique, un lateral potente que igualó con la zancada larga los pasitos eléctricos de Messi, que se marchó cabizbajo al vestuario, señalándose con la mano la ingle derecha, y recibiendo una arenga de Puyol, se supone que intentando quitarle presión. Enseñándole el camino de regreso a la tierra. No es fácil después de pasar unos días en el Olimpo de Maradona.

Pero mientras el Barça se entretenía en circunloquios y Messi encontraba todas las puertas cerradas, el Villarreal optó por una entrada directa al corazón azulgrana. Una triangulación mágica. La que inventó Pirès con un desmarque maravilloso. Cuando Cani recibió la pelota de Venta, el mediocampista francés ya sabía dónde quería el pase. 15 metros más adelante. Allí esprintó y allí llegó, con precisión, el envío de Cani. Pirès encaró a Valdés y lo superó como suelen los grandes: con un toque suave y cruzado al palo alejado del portero. Pellegrini, que había renunciado a lo que para él era irrenunciable -los dos delanteros-, obtuvo beneficios a su nueva propuesta: con un solo delantero (Forlán) y tres mediapuntas, el equipo recobró las esencias.

El gol afianzó la apuesta amarilla, que conquistó incluso un centro del campo en el que Xavi se sintió cada vez más solo. Desesperado, Messi acudió eventualmente al centro del ataque, con idéntico resultado: cero. Para el último cuarto, Rijkaard retiró a un defensa (Silvinho), metió a Gudjohnsen y retrasó a Ronaldinho. Se trataba de que el brasileño entrara de una vez en el partido. Y de aprovechar la pegada del islandés, que se topó de inmediato con los puños de Viera, que repelieron su disparo. El portero uruguayo cerraba así todas las opciones azulgrana, avivaba la lucha por el título y dejaba que el joven Marcos, que ya le marcó hace meses al Madrid, afianzara con un disparo seco su presencia en Primera. ¡Que sea por muchos años!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de abril de 2007