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Reportaje:CIENCIA

La geografía de De Terán

Modernizó esta ciencia. Una exposición repasa su innovadora obra

Geografía era una palabra sin significado académico en España hace poco más de medio siglo. Una cenicienta sin sitio en la Universidad. Hoy, reina en el mundo universitario, con no menos de 90 asignaturas que la abordan desde todos los ángulos. Un cambio descomunal operado en pocas décadas. Todo empezó el verano de 1933. Mientras en el país se fraguaba una gigantesca tormenta política y social, un joven catedrático de instituto entraba en contacto con la escuela de geografía más avanzada del momento, la francesa, gracias a una beca. El catedrático era Manuel de Terán, y su estancia en París tendría grandes consecuencias en el desarrollo de la geografía moderna en España.

La solicitud de beca es uno de los documentos de la muestra Manuel de Terán, 1904-1984, geógrafo, que acoge hasta junio la Residencia de Estudiantes de Madrid. Un homenaje al padre de la geografía moderna española que cierra con broche de oro los actos organizados en 2004, a raíz del centenario de su nacimiento.

De Terán publicó un estudio que es todo un manual ecológico, y suena como un aviso para el futuro

De Terán era un intelectual en el amplio sentido del término, y su visión de la geografía está profundamente marcada por el ambiente cultural en el que vivió. No es casual que considerara a José Ortega y Gasset y a Antonio Machado como los dos principales "maestros extra-universitarios" de su vida.

"Confluyen en él dos grandes corrientes históricas, la del Instituto-Escuela, de la Institución Libre de Enseñanza, creada por Francisco Giner de los Ríos, y la tradición de la mejor geografía extranjera, que entonces era la francesa", explica Nicolás Ortega, catedrático de Geografía Humana de la Autónoma de Madrid, alumno de De Terán y comisario de la muestra junto al también ex alumno y catedrático de Geografía Política Eduardo Martínez de Pisón.

Nacido en Madrid en octubre de 1904, hijo del escritor Luis de Terán, Manuel estudia Filosofía y Letras con profesores de la talla de Claudio Sánchez Albornoz, que le consigue un trabajo para dar clases en el Instituto-Escuela. Allí transcurren los mejores años de su vida. Años de una juventud ilusionada, en los que conocerá a su mujer, Fernanda Troyano, profesora como él y sobrina de Giner de los Ríos. Y en los que desarrollará su amor por la naturaleza, en especial por la sierra de Guadarrama.

Paseando entre las vitrinas de las tres salas que configuran la muestra, se puede recorrer la vida y la obra de De Terán. Su faceta, fundamental, de docente, ilustrada con fotografías con sus alumnas del Instituto-Escuela, o de la Complutense, donde ganó la primera cátedra de Geografía en 1951.

Hay notas autógrafas y mecanografiadas del geógrafo, artículos, manuales de geografía, calificaciones de su licenciatura en la Complutense de Madrid, de la tesis doctoral, y las dos intervenciones con las que tomó posesión de su sillón en la Academia de la Lengua primero, en 1977, y en la de la Historia, tres años después. Su colaboración con el Instituto Juan Sebastián Elcano de Geografía, del que sería director en 1972.

Son años de dedicación exclusiva a la investigación y al estudio de una geografía que se aparta ya del viejo esquema naturalista determinista y sigue el camino de Paul Vidal de la Blache, autor de una innovadora geografía universal a principios del siglo XX.

"El medio geográfico deja de considerarse determinante en la historia de los pueblos. Porque depende del hombre el que se realicen o no las posibilidades que ofrece el medio natural", dice Ortega. El individuo no es sólo un sujeto vivo más asentado sobre el paisaje, sino un elemento clave en su transformación. Con enorme potencial destructivo además. De Terán publica en 1966 su estudio Una ética de conservación y protección de la naturaleza, que es todo un manual ecológico, y suena como un aviso para el futuro.

Manuel de Terán compatibiliza durante décadas la enseñanza en el instituto Beatriz Galindo con las clases universitarias. Eran tiempos ajenos a la masificación, en los que el contacto entre catedrático, profesores ayudantes y alumnos es cercano. Un tiempo que no volverá más. Nicolás Ortega recuerda con nostalgia las reuniones en la Residencia de Estudiantes en las que de vez en cuando se presentaba un geógrafo extranjero invitado por De Terán. Algo casi imposible hoy, aunque un observador ajeno podría decir que su semilla ha fructificado, a la vista de la ubicuidad de la geografía en las universidades españolas. "Pero se está perdiendo la visión cultural de la geografía, su vínculo con la historia", se lamenta Ortega. Una deriva que es la única sombra en el homenaje a Manuel de Terán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de abril de 2007