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Editorial:
Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Aproximación regional

De los datos ofrecidos por la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) sobre el crecimiento de las comunidades autónomas durante 2006 se deduce que el impulso de la economía española se extiende por todas las regiones, ya que en dicho periodo todas ellas vieron aumentar su PIB particular, aunque con notables diferencias. Entre Madrid, que es la comunidad que más creció -el 4,55%-, y la que menos lo hizo, que fue Canarias, un 3,66%, media casi un punto de aumento de la riqueza que agrava las diferencias preexistentes de renta personal.

Casi todos los números de Funcas confirman las tendencias que se intuyen del examen macroeconómico trimestral. Una de ellas es que el arrastre de la construcción y de los servicios explica el crecimiento excepcional de las comunidades con tasas más altas de aumento de la riqueza. Otra, que la convergencia real de la economía española con la Europa de los Quince está hoy, medida en PIB a precios de mercado en paridad de poder de compra, en el 93%; que cinco regiones económicas españolas están por encima de esa media -Madrid, Navarra, País Vasco, Aragón y Cataluña-, y que sólo dos, Andalucía y Extremadura, figuran en la relación de 78 regiones pobres de la UE.

Pero el crecimiento anual es sólo la foto fija del final de una tendencia. Si se examinan los últimos seis años, parece comprobarse que el sistema autonómico está favoreciendo una lenta aproximación de la riqueza relativa. Si en 2000 el PIB por habitante de Extremadura equivalía al 48% del madrileño, en 2006 está muy próximo al 53%. Murcia, Extremadura o Andalucía han crecido a una tasa media anual acumulativa superior a la media española. Es evidente que empiezan a surtir efecto, lentamente, las correcciones aplicadas en forma de inversión y gasto presupuestario. No hay que olvidar el papel decisivo que han jugado los fondos europeos, y que su desaparición dejará a la economía española sin un factor de inversión y de corrección de las desigualdades.

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En cualquier caso, la reflexión del informe incita a rechazar las interpretaciones menos matizadas. No basta con el crecimiento de la construcción para situar a una comunidad autónoma en la vanguardia del crecimiento; parecen necesarios otros factores compensadores, como los servicios. Los modelos de crecimiento de Madrid y Navarra, a pesar de la marea inmobiliaria, confirmarían esta apreciación. En el caso de Madrid, hay que contar con la entrada de un número importante de inmigrantes, que están tirando del consumo. En Navarra se aprecia, además, como signo de crecimiento de la riqueza, una significativa redistribución de la renta, que suele ser incompatible con la economía del ladrillo.

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