Reportaje:El futuro del gigante asiático

300 millones sin agua potable

El progreso ha dejado un tercio del país afectado por la lluvia ácida y el 70% de los ríos contaminados

Desde que Deng Xiaoping lanzó el proceso de apertura y reforma en diciembre de 1978, la economía china ha crecido a una media anual del 9,7%. Miles de fábricas, mares de rascacielos y sin fin de infraestructuras. El país ha experimentado una transformación de un tamaño y una velocidad sin precedentes en la historia de la humanidad. China se ha erigido en la cuarta economía del mundo y cientos de millones de personas han salido de la pobreza en estos años.

La factura medioambiental, sin embargo, ha sido de la misma magnitud. Un tercio del territorio está afectado por la lluvia ácida, el 70% de los ríos están contaminados, dos tercios de los líquidos residuales urbanos no son tratados, 300 millones de personas no tienen acceso a agua potable y 400.000 personas experimentan una muerte temprana cada año a causa de la polución del aire. Según la Administración Estatal de Protección Medioambiental, 11 de las mayores ciudades chinas, incluido Pekín, experimentaron graves problemas de contaminación más del 30% de los días el año pasado, afectando a la salud de 15 millones de personas. El Banco Mundial asegura que la polución cuesta a China entre el 8% y el 12% del PIB (producto interior bruto) anualmente.

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Con objeto de poner freno a la situación, el Gobierno ha tomado algunas medidas. El plan quinquenal para el periodo 2006-2010 aprobado por el Parlamento el año pasado fija objetivos concretos, como la disminución en un 20% del consumo de energía por unidad de PIB y el recorte en un 10% de la descarga de "los principales contaminantes". Se trata, asegura Pekín, de "mejorar la calidad del desarrollo" y hacerlo "más sostenible".

Pero en 2006, el primer año del plan, China no pudo cumplir la parte que le correspondía en el ejercicio para poder alcanzar esos objetivos. El consumo de energía por unidad de PIB bajó un 1,23%, frente al 4% que debía haber descendido, y la descarga de "los principales contaminantes" subió más del 1%, cuando debía haber sido reducida un 2%.

Embarcados en una competición por desarrollar sus provincias al precio que sea, los dirigentes locales y los empresarios ignoran frecuentemente las normativas, generando contaminantes que acaban en los ríos, los lagos, el mar y el aire sin tratamiento previo.

Pekín quiere cuadruplicar el PIB entre 2000 y 2020, con objeto de continuar mejorando el nivel de vida de su población. Pero los expertos consideran que si las autoridades no aceptan sacrificar cantidad a cambio de calidad, las metas de mejora medioambiental fijadas -como, por ejemplo, que para 2020 todo la población tenga acceso a agua potable- serán difícilmente alcanzadas.

La Agencia Internacional de la Energía asegura que el gigante asiático -que obtiene el 70% de su energía en centrales térmicas que queman carbón de baja calidad, de las cuales el año pasado construyó 117- podría superar a Estados Unidos en 2009 como principal emisor de gases de efecto invernadero, una cuestión que ha comenzado a preocupar también a los dirigentes chinos, que temen que el calentamiento global pueda suponer una amenaza para la prosperidad y la estabilidad del país.

Pekín, no obstante, ha dicho que los principales responsables de la situación actual son los países más desarrollados, y que la solución está en sus manos. El Gobierno asegura que gastará más en investigar el calentamiento global, pero que carece del dinero y la tecnología para reducir significativamente las emisiones de gases invernadero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 05 de marzo de 2007.

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