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Los compañeros de Idoia vieron a un afgano salir huyendo tras la explosión que le costó la vida

Los compañeros de Idoia Rodríguez, la militar fallecida en el 21 de febrero en Afganistán por la explosión de una mina, vieron cómo un individuo subía a un vehículo y se daba a la fuga después del ataque, según fuentes próximas a la investigación. El individuo, aparentemente un afgano, estaba a unos 150 metros, en posición de cuerpo a tierra, cuando se produjo la explosión. La presencia de esta persona podría avalar la teoría de que el artefacto fue activado por mando a distancia, pero también, según las fuentes consultadas, podría tratarse de un talibán que esperaba para recuperar la mina si ésta si no hubiera estallado.

Los informes de los equipos de desactivación españoles apuntan a que el artefacto era una mina anticarro de entre 6,6 y 7,5 kilos de explosivo, colocada poco tiempo antes para que explotara al paso de la patrulla. Se descarta así la tesis de la policía afgana de que pudo tratarse de la explosión accidental de una mina abandonada.

Los expertos del Ejército creen que el artefacto era una TM-62P, de fabricación rusa (de 320 milímetros de diámetro y 113 de altura, con 7,2 kilos de TNT) o una TC-6 italiana (273 milímetros de diámetro y 179 de altura, con seis kilos de RDX y TNT). En todo caso, sería una mina de presión que se activó al pisarla con la rueda delantera izquierda del blindado que conducía Idoia.

Los técnicos no hallaron en la zona restos de cables o circuitos electrónicos, ni tampoco de la metralla con que se rellenan los artefactos explosivos improvisados (IED), aunque todas las muestras recogidas se han remitido al laboratorio militar de La Marañosa (Madrid), para su análisis exhaustivo.

La explosión fue de gran potencia, hasta el punto de que lanzó la llanta de la rueda delantera izquierda a unos 100 metros y el BMR, de 14 toneladas de peso, giró 180 grados sobre su lado derecho. La onda expansiva desgarró el blindaje bajo el asiento del conductor y probablemente habría matado también a los otros tres ocupantes del BMR si no hubiera estado abierta la escotilla del jefe del vehículo. El cráter redondeado que produjo en el suelo tenía aproximadamente un metro de diámetro y entre 25 y 50 centímetros de profundidad.

El atentado se produjo a las 15.30 hora local, cerca de la localidad de Shindand, a unos 100 kilómetros al sur de la base hispano-italiana de Herat y a sólo siete del lugar donde otra patrulla española fue objeto de un ataque suicida, sin bajas, el pasado 13 de noviembre.

La patrulla volvía de escoltar a dos equipos italianos dedicados a instruir al Ejército afgano por una ruta distinta a la utilizada en el viaje de ida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de marzo de 2007