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Editorial:

Resurge Ségolène

Fue en Francia donde se estableció la división de la política entre derecha e izquierda. Ségolène Royal restableció ayer el orden tradicional. El "pacto presidencial" que propuso, frente al "pacto republicano" de su principal rival, el conservador Nicolas Sarkozy, restablece la dicotomía: izquierda contra derecha. Tras semanas de reveses, ayer la candidata socialista relanzó con fuerza su campaña y despejó las dudas que algunos pudieran albergar sobre la solidez de su candidatura al Elíseo. Ante miles de seguidores, la candidata socialista presentó un programa con fuerte contenido social y dio un claro giro a la izquierda que desmiente a quienes le acusaban de coquetear con el centro y el liberalismo.

A 10 semanas de la cita con las urnas, Royal resituó su campaña, que parecía haber perdido el norte desde la entrada en tromba de su rival conservador. Propuso una batería de medidas sociales, desde el aumento de las pensiones y el salario mínimo a la creación de viviendas asequibles. Y presentó propuestas contundentes en el orden constitucional. Al margen de la introducción de las iniciativas legislativas del programa socialista, Royal hizo suyos ayer algunos de los cambios que los constitucionalistas consideran indispensables para que el país de Montesquieu recupere la separación de poderes. Para recuperar el control del legislativo sobre el Gobierno, lo primero que es necesario es que los diputados no compatibilicen el escaño con el cultivo de su vivero de votos como alcaldes o presidentes regionales. La derogación del artículo 49.3 de la Constitución, que permite al Ejecutivo aprobar una ley por decreto cuando la Asamblea Nacional le plantea un debate demasiado largo, es otra de sus propuestas.

Con el resurgir de Royal en campaña posiblemente se acaben las posibilidades del centrista François Bayrou y de otros. La memoria de 2002 pesa no sólo entre los ciudadanos, sino también en las cúpulas directivas de los grandes partidos. Para ser candidato se necesitan las firmas de 500 alcaldes. Por un lado, la decisión de que se hagan públicos estos nombres está complicando las posibilidades de muchos aspirantes, pues obliga a los regidores a significarse políticamente. Por otro lado, los grandes partidos no volverán a caer en el error de apadrinar ellos mismos a candidatos menores, a riesgo de que les resten votos, como sucedió en 2002 con el socialista Lionel Jospin. No parece que en este momento exista un candidato capaz de evitar que sean Royal y Sarkozy quienes pasen a la segunda vuelta. Y ayer, la candidata francesa, con un discurso muy estructurado y repleto de ofertas interesantes, demostró que la lucha va a ser dura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de febrero de 2007