Fracasa la reforma del Estatuto

El rechazo del PP al término "nación" frustra las negociaciones entre los tres líderes políticos

Feijóo rechaza la propuesta de consenso de Touriño, que sí logró el apoyo de Quintana

El proceso de reforma del Estatuto de Autonomía de Galicia entró ayer en un callejón sin salida. Los líderes de los tres partidos gallegos, el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño (PSdeG), el vicepresidente Anxo Quintana (BNG) y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo (PP), certificaron, después de más de seis horas de reunión. el fracaso de las negociaciones, una vez constatada la imposibilidad de alcanzar un acuerdo en torno a la identidad de Galicia.

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Touriño, Quintana y Feijóo intentaron durante seis horas aproximar posiciones en torno a las principales discrepancias que sus partidos mantienen en el proyecto de reforma el Estatuto gallego, tanto en materia de financiación como de estatus jurídico de la lengua gallega e identidad nacional.

Sin embargo, el esfuerzo de los tres dirigentes para encontrar una redacción que pudiese ser asumida por el conjunto de las fuerzas políticas gallegas no fue suficiente. PSdeG, PP y BNG han decidido suspender indefinidamente la reforma a la espera de que cambien las circunstancias políticas que la han hecho inviable. Un contexto que, según socialistas y nacionalistas, es el resultado del clima de crispación que han alcanzado las relaciones entre el PSOE y el PP en el conjunto de España. El fracaso de las negociaciones bloquea definitivamente el proceso de reforma iniciado hace casi un año y convierte a Galicia en la segunda comunidad, después del País Vasco, que se queda fuera del proceso de actualización de estatutos al que se han sumado el conjunto de las autonomías.

En lo que se refiere a la identidad nacional, el principal punto de discrepancia, quedaba por resolver la redacción del preámbulo estatutario, una vez asumido por todos que en el articulado figurara la definición de Galicia como "nacionalidad".

A lo largo de la reunión, celebrada en la residencia oficial de Touriño en Monte Pío, el líder del BNG, Anxo Quintana, volvió a ceder posiciones en aras del consenso y asumió la propuesta presentada por el presidente de la Xunta. La redacción defendida por Touriño para el preámbulo, que huía deliberadamente de una declaración formal, decía lo siguiente: "Galicia desarrolló una clara identidad cultural y política reflejada en la vigente Ley de Símbolos de Galicia, que recoge la formulación del sentimiento galleguista y del pasado compartido hablando del hogar y de la nación común de los gallegos".

Este texto, que según Touriño recoge el "mínimo exigible" para que Galicia no pierda posiciones en el conjunto de España, alude al himno gallego, recogido en la citada ley, que en su día fue aprobada, entre otros, por el actual presidente del PP Mariano Rajoy, cuando era diputado en Galicia.

El PP no aceptó esta redacción, y defendió sin éxito una propuesta en la que, en relación con la identidad gallega, se limitaba a señalar que la autonomía política de Galicia fue anhelada a lo largo del tiempo, entre otros, por los nacionalistas "como manifestación de un sentimiento nacional".

Cristiandad jacobea

El preámbulo de los populares, con el que Feijóo esperaba hacer "un guiño" al BNG que facilitase un acuerdo, señalaba también que "desde la Edad Media, Galicia ya es identificada en toda Europa como una de las regiones históricas del mundo occidental, asociada a su doble condición de finisterre continental y centro geográfico de la cristiandad jacobea". Y reflejaba que, desde "el pensamiento y la tradición galleguista que las fuerzas políticas comparten" describieron la identidad propia de Galicia "con diferentes expresiones a lo largo de la historia".

En lo que sí estuvieron de acuerdo ayer los líderes de las tres fuerzas políticas gallegas es en que no hay fecha para retomar el proceso. Tanto socialistas como nacionalistas condicionaron la posibilidad de volver a negociar a un cambio de escenario político. Los líderes de ambas formaciones están convencidos de que, en pleno deterioro de la situación política española y con un PP volcado en contra de las posiciones nacionalistas, Núñez Feijóo dispone de un margen muy escaso para alcanzar acuerdos. El aludido, sin embargo, afirma que la reforma debe reflejar el peso parlamentario de cada formación y que el 80% de los gallegos no acepta el término "nación".

El líder popular, de un lado, y Quintana y Touriño, del otro, tampoco lograron cerrar acuerdos en torno a la lengua y a la financiación autonómica, si bien en estos casos se produjeron avances significativos. En relación con el gallego, las diferencias entre los textos defendidos por el presidente de la Xunta -con el apoyo del portavoz nacional del BNG- y por el líder del PP se quedaron en cuestiones de matiz, una vez que los nacionalistas renunciaron a hacer constar expresamente el deber de conocer el gallego.

También en materia financiera se produjeron acercamientos entre las propuestas de las tres fuerzas políticas, aunque no lo suficiente para que cuajasen en un texto común.

LAS CLAVES DEL DESENCUENTRO

- Touriño ofreció una alusión de la vigente Ley de Símbolos, "que recoge la formulación del sentimiento galleguista (...) hablando del hogar y de la nación común de los gallegos"

- Quintana, a pesar de sus reservas, renunció a una declaración de reconocimiento expreso de Galicia como nación y aceptó la propuesta del presidente de la Xunta

- Feijóo rechazó la oferta y constató que el PP sólo está dispuesto a aceptar una referencia al "sentimiento nacional"

de los nacionalistas

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0017, 17 de enero de 2007.