Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Rebelión a bordo

Los pasajeros del vuelo Valencia-Roma de Ryanair evitan una detención

No es el rodaje de una película a la italiana. Pero podría haberlo sido. La pista de despegue del aeropuerto internacional de Manises en Valencia fue el escenario ayer por la mañana, durante más de dos horas, de un improvisado "motín a bordo" por parte de los 114 pasajeros del vuelo FR9678 con destino al aeropuerto de Roma, que debía de haber partido el sábado a las 21.30 y no lo hizo hasta 17 horas después.

Enfrentamientos verbales por un retraso excesivo derivaron en una cadena de denuncias

La tensión acumulada entre la tripulación y el pasaje dio al traste con el fin de semana de postal "soñado" por turistas españoles, gracias a precios tan competitivos como un billete de ida y vuelta por 52 euros a la bellísima capital romana. Y convirtió el viaje de los ciudadanos italianos que partían de España con ganas de "pisar su casa" en una especie "de secuestro", al tropezar con un "problema técnico", según les informó la compañía de bajo coste Ryanair.

La relajación del lenguaje y las expresiones, tercas a veces, dieron pie a un conflicto verbal nada más abrirse la ventanilla (hacia las 10.15) que al mediodía había derivado en una esgrima idiomática de mayor calado, según describe gráficamente Silvia Llavero, de 25 años, periodista que trabaja para Amnistía Internacional. "Cuando por fin los pasajeros se disponían a abordar, empezó la bronca con una azafata después de que una mujer italiana le preguntara algo sobre los retrasos".

"La azafata", según Silvia, "respondió en tono alterado y en castellano, lo que enojó a la mujer italiana y su amiga", que contestaron que les parecía muy "poco profesional" que en un vuelo internacional un miembro de la tripulación no hablara el idioma del país de destino. Y de ahí al rifirrafe no hubo más que un paso. Según pudo oírse desde la fila de pasajeros, la azafata espetó un: "Italianas de mierda, aquí yo hablo español". A lo que éstas contestaron con: "Y tú, una cabrona". Lo siguiente que vio Silvia, que iba en el vuelo, fue que la azafata arrebataba de la mano el ticket de embarque de la italiana. Y, acto seguido, observó a un italiano varón que se abalanzaba sobre la azafata y le quitaba el pase. El lío estaba montado. Aunque nada de esto se ha podido contrastar en ningún teléfono de Ryanair en Madrid, Barcelona o Valencia, donde aparece en la pantalla digital "número falso".

La obligación de una compañía cuando se ha sufrido una agresión es denunciar los hechos ante las fuerzas de seguridad. Ni en Casablanca, el mayor Strasser llegó tan rápido. Cuando los pasajeros acababan de subir al minibús que los transportaba de la terminal al avión, un coche del Cuerpo Nacional de Policía ya les seguía para tratar de retener al presunto agresor y que la azafata cursara su denuncia. Un procedimiento que no fue posible porque los pasajeros, por fin a bordo del avión -y desesperados-, comenzaron a sujetar al italiano para impedir que se lo llevaran a declarar y a gritar: "¡No, no se lo pueden llevar!".

La intervención de un abogado que iba en el vuelo fue crucial, mientras refuerzos de la Guardia Civil tomaban el avión. El abogado explicó que el ciudadano italiano estaba "poco más o menos que en el aire...". recuerda Silvia, y que "lo más que podían era tomarle declaración en su asiento". Hecha esta denuncia, llegó la réplica. "La denuncia de los 114 pasajeros en bloque contra la compañía por el retraso, y contra la azafata por su actitud", sostiene Silvia. Y eso que "algunos de los pasajeros ya habían presentado reclamaciones antes de abordar", puntualiza esta periodista, que al final del día, y tras intentar transmitir el reportaje gráfico de lo sucedido aún tenía tiempo para el humor. Al menos siempre nos quedará Roma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de enero de 2007