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Reportaje:FIN DE SEMANA

Crepúsculo en la Albufera

Pinos perfumados y el espectáculo del agua y el sol en la costa valenciana

Una lonja donde comprar pescado y un arroz en un restaurante de El Palmar. Senderos entre juncos y sosa jabonera; palmeras inclinadas sobre barracas. Un paseo que seduce también en invierno.

La inmensa inmovilidad de la luz parece plasmar una imagen para fijarla en la eternidad y, sin embargo, antes incluso de lograr retener con ella una idea, algún concepto o figura, el sol ha desaparecido, el cielo oscurece con un ligero parpadeo y todos los visitantes del embarcadero, mudos ante el espectáculo, rompen el silencio, hablan fuerte y se agitan, liberados al fin de su admiración. Roto el hechizo, súbitamente se ha hecho tarde, y todos, rápidamente, suben a sus coches. Vuelven a la ciudad. Es el punto final de una excursión a la laguna de la Albufera, en el parque natural situado a 11 kilómetros de Valencia.

Justo detrás del embarcadero y un exiguo aparcamiento (separados por la carretera que linda con el litoral mediterráneo), comienza el bosque de pinos. El recorrido hay que empezarlo por ahí, y seguir, dócilmente, un sendero hecho con travesaños de madera -recuperados de antiguas vías de tren- hasta la playa. La arena mezclada a tierra y el ruido monótono pero alarmante de las chicharras dan al caminante la impresión de adentrarse por una vegetación extraña. El camino, balizado a veces y paralelo al bosque, se acerca al brazo de mar (contenido por una gran compuerta) donde hay algún pescador solitario lanzando su caña. Más lejos, en un recodo, una familia explica que pesca carpas. "Este rincón goza de una tranquilidad bendita", dice el padre. Un pasillo recorre un largo trazado sinuoso, abriendo claros o cerrando pasajes frondosos donde puedes merendar o tumbarte sobre una manta y leer. Casi llegando a la orilla surgen las dunas y senderos o planchadas levantadas sobre el suelo -en previsión de la marea alta- rodeados por los pinos perfumados de la Devesa. Al extremo, una desembocadura y su playa. El itinerario ofrece varias posibilidades. A ambos lados del sendero se mecen al viento juncos, sosa jabonera, líquenes. Y también destaca la exuberancia del lirio marítimo, el pino blanco, zarzaparrilla, corretxola marina.

El Palmar, pueblo emplazado en La Albufera entre huertos, cañizares arropados de adelfas que reemplazan las vallas y palmeras inclinadas sobre barracas (casas artesanales), fortalece el mito de la aldea sempiterna y lírica. Además, tiene restaurantes excelentes. El arroz, ingrediente culinario esencial del Levante, se come en diversas cocciones y múltiples platos combinados, aunque, entre todos ellos, la paella y el all i pebre (ajo y pimienta) con anguila son las recetas regionales imprescindibles. También resulta interesante ver la típica lonja de pescadores, con venta directa al público desde el 1 de octubre al 31 de abril.

21.008 hectáreas

Al final de la época musulmana se comenzó el trabajo de desecación y aterramiento progresivo para hacer cultivables los arrozales. En 1986 se impuso al paraje -seis kilómetros de diámetro y con una extensión de 21.008 hectáreas- medidas a fin de preservar el medio ambiente, proteger aves viajeras y migratorias entre el norte de Europa y el continente africano y conservar las riquezas naturales de su fauna y flora. Dentro del perímetro, sorprende toparse con edificios grotescos y algún grupo de chalés privados lujosos. Tratándose de un parque natural, las construcciones desentonan.

La visita al marjal circundante a la costa es imperativo al visitar este lugar único en la costa mediterránea española, y, para culminar con éxito nuestro viaje, asistir a la puesta de sol. Un puñado de minutos en los que vemos físicamente el agujero negro dejado por el desvanecimiento del astro tras la lejana sierra, al fondo, difuminada entre montañas. ¿Qué música acompaña ese horizonte? ¿Mahler, Bach, Mozart? La visión se abre a una extraordinaria gama de colores -amarillos, verdes, rosas y violetas-, cuya intensidad desorbita toda pigmentación que el ojo pueda retener.

El mirador emplaza al espectador en un ejercicio banal de mirón, pero simultáneamente lo empuja hacia el umbral de un conocimiento místico. "Un portal se abre al comienzo de un largo camino...", dice Walter Benjamin en un fragmento titulado Porcelana china. En realidad, desde el embarcadero, vemos en el crepúsculo más de lo que hay frente a nuestra mirada, desarmados por una impresión intemporal; sin embargo, su belleza nos parece tan prodigiosa que ignoramos si se trata del comienzo del universo o del fin del mundo. En ese instante, toda tentativa de captar, apropiarse del Genius orquestado por la Naturaleza, está abocada al fracaso.

"Es la hora de romper el pincel y contemplar", dice Antonio, un pintor local mientras pliega el caballete y guarda sus utensilios. ¿Contemplar qué? ¿Un paisaje, el cielo, un signo sagrado? No. "Una melodía que se deshace y se aleja", sugiere Giorgio Agamben en Profanaciones, "sólo entonces, cuando notamos la ausencia, comienza el largo aprendizaje de uno mismo". En efecto, la belleza del lugar se deja penetrar con la mirada ciega del pensamiento, la felicidad, allí donde las zanjas más profundas del espíritu se hallan reservadas a lo más cotidiano y trivial.

Adviene entonces el momento de inclinar la cabeza, y retirarse en silencio hacia la realidad, pues, como explica con ánimo exaltado pero satisfecho el artista dominical del paradero, "cada vez es diferente, todo sucede muy deprisa y no hay manera de enmarcar nada". ¿Cómo? "Únicamente cabe vivirlo", sonríe.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar

- Los límites del parque natural de la Albufera empiezan a unos cinco kilómetros al sur del núcleo urbano de Valencia. Se puede acceder a la zona norte del marjal desde los pueblos de Pinedo, Castellar, El Oliveral y Horno de Alcedo. A la zona sur se llega desde los municipios de Sueca, Cullera, Albalat de la Ribera y Algemesí, y las poblaciones de los Marenys.

Comer

Muchos de los antiguos merenderos de la zona se han convertido en restaurantes especializados en arroces, pescados y mariscos.- La Genuina (963 24 86 63). Carrera del Rio, 283, Pinedo. Unos 25 eurospor persona.- Casa Carmina (961 83 00 49). Calle del Embarcadero, 4. El Saler. Especialidad en arroz con judías y nabos. Unos 30 euros.- Casa Salvador (961 72 01 36). L'Estany de Cullera, s/n. Cullera.Entre 20 y 30 euros.- Casa Chiva (961 77 00 18). Calle Mallorca, 29. El Perelló. La especialidad es el rodaballo con angulas. A partir de 30 euros.- Marrasquino Mar (963 24 83 45). Camino Montañares, 161. Carretera de Pinedo-Saler. Especialidad en arroces y fideuás. Entre 40 y 50 euros.- La Viña (961 83 03 19). Avenida del Pintor Lozano. Playa del Saler. Entre 20 y 30 euros.- Casa Blayet (961 77 71 84). Avenida de las Gaviotas, 17. El Perellonet. Opciones de menú por unos 20 euros.

Información

- Turismo de la Comunidad Valenciana (902 12 32 12; www.comunitatvalenciana.com).- Oficina de gestión de la Albufera (961 62 01 01). Calle del Pintor Martí Girbés, 23. El Palmar.- www.albufera.com.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de diciembre de 2006

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