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La tragedia del 'tsunami'

Dos años después del maremoto apenas existe un sistema de alerta en Asia

Los países afectados por la catástrofe no logran coordinarse para crear una red de aviso

Dos años después de que, el 26 de diciembre de 2004, una ola asesina matase a más de 200.000 personas, el Índico sigue sin contar con un sistema de alerta global de tsunamis. Inicialmente, el objetivo era que para julio de 2006 existiera una red completa y definitiva de alarma. Pero los países de la zona están inmersos en sus planes, y la coordinación está siendo más difícil de lo que se esperaba. "No todos los miembros comparten la misma visión sobre cómo cooperar y a qué nivel", reconoce Peter Koltermann, uno de los responsables del organismo de la Unesco encargado de coordinar el proyecto.

En 2003, se celebró una conferencia para poner un marcha un sistema de alerta

Tailandia ha construido 90 torres con sirenas en las provincias del sur, las más turísticas

El Índico y los países que lo bordean son conocidos como zona de alta actividad sísmica. En 2003, con ocasión del 120 aniversario de la erupción del volcán Krakatoa y el consiguiente tsunami, fue celebrada una conferencia internacional en Indonesia que recomendó encarecidamente la instalación de un sistema nacional de alerta de maremotos. Pero cuando el 26 de diciembre del año siguiente, la tierra se quebró y el mar se precipitó con furia sobre las costas de la región, el único aviso que recibieron millones de personas fue la visión de la gente corriendo delante de la muralla de agua que se tragaba personas, viviendas y coches, dejando a su paso un rastro de destrucción y muerte. Si hubiera existido un sistema de alerta como el que opera en el Pacífico desde 1949 o el que existe en Japón, gran parte de las 220.000 personas que fallecieron se habrían salvado.

Pocos meses después del 26 de diciembre fatídico, fue establecido un servicio interino, a través del Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico, situado en Hawai, y de la Agencia Meteorológica de Japón, para proveer información relativa a maremotos a los países del Índico. Y en junio, la Unesco, que, a través de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI), está coordinando el proyecto, anunció que un sistema "básico" de aviso -con 26 centros nacionales, que reciben datos de 25 nuevas estaciones sismográficas- había sido instalado y era operativo, aunque la información sigue siendo procesada por Estados Unidos y Japón.

Los Gobiernos no han logrado ponerse de acuerdo sobre quién albergará el centro regional, al que optan Tailandia, Indonesia, Malasia y Australia, y que no se espera que esté en funcionamiento antes de dos años. Mientras tanto, avanza a ritmos dispares la preparación de los distintos países, que deben construir sus sistemas nacionales y son los responsables de hacer llegar a la gente los avisos, ya sea mediante sirenas, mensajes en móviles, la radio, la televisión e incluso los altavoces de las mezquitas.

A principios de este mes, Tailandia colocó una boya y el sistema anexo de detección de tsunamis a 1.100 kilómetros de la costa de Phuket. Es el primer equipo de este tipo que se instala en el Índico. Conocido como DART, ha sido financiado por Estados Unidos. Dado que no existe un centro de alerta regional, de momento su señal es enviada al de Hawai.

El DART consta de una plataforma que descansa sobre el lecho marino para registrar actividad sísmica y variaciones del nivel del mar. Los sensores envían una señal a una boya, que a su vez se comunica por satélite con los centros de alerta. Su objetivo es determinar si un terremoto ha generado un tsunami, medir las olas y predecir cuánto tardará en llegar a tierra y el daño que puede causar. Alrededor de 20 de estos dispositivos existen en el Pacífico. En paralelo, Tailandia ha construido 90 torres con sirenas en las provincias del sur -las más turísticas- para advertir si hay amenaza, y está montándolas también a lo largo del golfo de Tailandia. En otras provincias, el proyecto está pendiente. Unas 5.400 personas murieron en este país a causa del tsunami, alrededor de la mitad de ellas extranjeras.

Cherdsak Virapat, responsable de coordinación internacional del Centro Nacional de Alertas de Desastres de Tailandia, asegura que "si volviera a ocurrir un tsunami como el de 2004, Tailandia emitiría avisos a la población". Para Bangkok, el reto a largo plazo es, entre otros, "asegurar los recursos financieros y humanos del centro nacional" y la "colaboración con las redes de los otros países".

Indonesia ha ensayado un sistema de aviso y planea instalar 15 boyas similares, financiadas por Alemania, y más de 100 sismógrafos para 2009. India ha dicho que espera contar con un sistema de alarma para septiembre de 2007. Sri Lanka carece de una red de aviso, aunque ha conectado su sistema nacional al Centro de Medición Geológica de EE UU.

Mucho queda por hacer. Desde la distribución de otros 23 dispositivos en aguas profundas del Índico -que se prevé que esté finalizada en dos años-, hasta la construcción de la infraestructura de comunicaciones y la elaboración de planes de evacuación. "Los países tienen, en diferente grado, que construir sus sistemas nacionales de alerta para distribuir los avisos y elevar la concienciación", dice Peter Koltermann, director de la división de tsunamis de la COI, quien asegura que, "a pesar de las dificultades en una región tan dispar en cultura, tradiciones y nivel económico, está surgiendo un nuevo espíritu común".

Porque de nada vale detectar un maremoto si al final la gente no se entera o no sabe qué debe hacer para evitarlo, como demostró el tsunami ocurrido en Indonesia el 17 de julio, cuando el centro de alerta del Pacífico y la Agencia Meteorológica de Japón avisaron del peligro, pero el Gobierno de Yakarta no logró hacer llegar el mensaje a la población. Murieron 650 personas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de diciembre de 2006