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El proceso para el fin del terrorismo

La percepción de que el proceso de paz está en crisis cala en la sociedad vasca

El 67% de los vascos cree que está estancado, aunque la mayoría confía en que se consolidará

La impresión de que el intento para dar un final dialogado a la violencia de ETA no termina de arrancar ha saltado del escenario político y se ha asentado en la ciudadanía, tras el endurecimiento de las posiciones de ETA y Batasuna y la presencia permanente de la violencia callejera. El 67% de los vascos cree que el proceso de paz se ha estancado o está retrocediendo, según los resultados de una encuesta del Gobierno vasco difundida ayer. A pesar de ello, todavía son ampliamente mayoritarios (78%) quienes tienen esperanza de que la paz terminará asentándose, aunque esta opinión ha bajado 12 puntos desde abril.

El resultado del estudio de opinión elaborado por el Gabinete de Prospecciones Sociológicas del Gobierno vasco es significativo por dos motivos. Por un lado, porque la sociedad vasca se ha expresado tradicionalmente de forma más optimista ante el proceso de paz que el conjunto de la sociedad española. Y en segundo lugar, porque las entrevistas (un total de 2.866) se realizaron entre el 26 de septiembre y el 11 de octubre, es decir, antes de que se produjera, el 23 de ese mes, el robo por ETA de 350 pistolas cerca de Nimes (Francia). Este hecho y la puesta sobre la mesa por parte de ETA-Batasuna de su programa máximo -reconocimiento de la autodeterminación y de una Euskal Herria con Navarra y el País Vasco francés- ha llevado al Gobierno a marcar las líneas rojas del proceso sin haberse celebrado siquiera la primera reunión oficial con la organización terrorista.

Ese 67% de los vascos que ve el proceso estancado se divide al establecer las causas de esa situación. Un 39% considera que la responsabilidad es del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero porque no está dando los pasos necesarios para mejorar la situación de los presos; un 35% cree que la causa es la negativa de Batasuna a desmarcarse de la violencia; otro 32% apunta a los actos de kale borroka, que se han hecho habituales desde que el pasado mes de agosto la organización terrorista advirtiera al Gobierno de la "crisis" del proceso; y un 29% cita las presiones del PP para que no se abra un diálogo con ETA. En correspondencia con este diagnóstico, a la pregunta de qué medidas ayudarían más a salvar la situación, la mayoría (43%) cita el acercamiento de los presos; el 41%, que Batasuna condene la violencia; el 27%, que cese la violencia callejera, y el 17%, que se legalice a Batasuna para que pueda presentarse a las elecciones municipales y forales de 2007.

La actuación del Gobierno

A la hora de enjuiciar la actuación desarrollada hasta ahora por el Gobierno central, un 30% la valora muy bien o bien, un 37% ni bien ni mal, y un 26% mal o muy mal.

A pesar de esa impresión sobre el momento que vive el proceso, sigue habiendo una gran mayoría de ciudadanos vascos (78%) que tiene esperanzas de que la paz terminará consolidándose en Euskadi, aunque este sentimiento ha bajado 12 puntos desde el 90% que se expresó así en la encuesta realizada en abril, poco después de hacerse público el alto el fuego permanente de ETA. Por otro lado, la gran mayoría de los consultados (88%) estima que la normalización política en Euskadi requiere que todos los partidos participen en ella, y el 86% considera que hay que hablar de todo, incluido el cambio del marco político vasco, una opinión esta que no ha variado desde 1999, cuando estaba vigente la anterior tregua de ETA.

En la visión menos pesimista sobre la situación del proceso se apunta el consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, en una entrevista publicada ayer por El Correo. Balza está convencido de que "a corto plazo se va a superar la crisis actual y va a seguir habiendo oportunidades para el proceso". Como principales obstáculos surgidos cita el robo de las pistolas y la persistencia de la kale borroka, así como el mantenimiento de la política penitenciaria por el Gobierno "y una cierta intención de ETA de condicionar la política", introduciendo la autodeterminación y la territorialidad como exigencias de partida.

Sin embargo, estima Balza que el alto el fuego no tiene una fecha de caducidad, pese a la referencia que en su último comunicado hacía ETA al otoño para que el Gobierno diera los "pasos" que reclamaba. "Cuando ETA ponga una fecha es porque ya habrá decidido romper", afirma. No obstante, piensa que el tiempo corre y que las próximas semanas pueden marcar en un sentido u otro el futuro del proceso. "Si de aquí a enero no hay movimientos, entonces apaga y vámonos", afirma Balza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de diciembre de 2006