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CARTAS AL DIRECTOR

Las recetas de un economista

Fernando Trías de Bes (EL PAÍS, 17-11-06) insiste en que el problema de la vivienda no radica en las imperfecciones de los mercados de suelo/inmobiliario, sino en las restricciones a su total liberalización.

El precio de las viviendas no ha bajado pese a la Ley del Suelo del 98, la del "todo urbanizable", pero sólo, según Trías, porque los municipios y las comunidades aún retienen algunas parcelas de discrecionalidad en la aprobación de las iniciativas privadas.

¿Quisiera Trías de Bes que los nuevos territorios urbanos fueran aún más fragmentados y desarticulados, más insostenibles, de lo que ya lo son?, ¿piensa sinceramente que la organización de la ciudad es comparable y se debe regir por idénticos principios que la disposición de manzanas en cajas de cartón?, ¿quién se hará cargo, en su opinión, de las notables externalidades -tiempos y costo de los desplazamientos, energía consumida, emisiones de CO2, etcétera?

A Trías de Bes le parece un desatino la determinación por el nuevo borrador de Ley del Suelo de un 25% de vivienda protegida. Ahí podríamos estar de acuerdo: si entre los 2/3 y los 3/4 de la población no puede acceder a los precios del mercado libre, ¿por qué no establecer ese mínimo entre el 65% y el 75%, como se ha hecho en Euskadi? ¿O es que Trías no comparte la generalizada opinión de los expertos de que el precio del suelo es un valor derivado de los precios de la vivienda y que disminuyendo éstos se podría incidir en aquéllos, sin renunciar a un planeamiento urbanístico coherente?

Finalmente, ¿por qué los ayuntamientos, las comunidades o los consorcios público-privados deben adquirir el suelo o valorar las expropiaciones en función de un valor que incorpora las plusvalías de calificación a favor de unos propietarios o intermediarios cuya única actividad consiste en esperar a que las fronteras del desarrollo urbano alcancen sus terrenos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de noviembre de 2006