Crítica:JUEGOSCrítica
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Mejor que el tablero

'Neverwinter Nights 2' mejora gráficamente a su antecesor y ofrece potentes herramientas para la creación de aventuras

Los buenos aficionados al rol, ya sean caóticos, malvados, legales, buenos o neutrales están de suerte. Han esperado cinco años a que la fría luz de Neverwinter Nights 2 acaricie sus mejillas.

La clave de la calidad de Neverwinter Nights 2 es su conjunto de herramientas, que permiten a cualquier jugador crear sus propias historias y, por si fuera poco, que éstas sean empleadas por aficionados de todo el mundo en partidas en red.

La aventura sitúa al protagonista en la ciudad de Puerto Oeste, en Noyvern, tras haber finalizado la guerra con Luskan. Son días de celebración y la Feria de la Cosecha está en pleno apogeo. Aquí se dan los primeros pasos para aprender a controlar al personaje y a reclutar miembros para el grupo, que posteriormente compartirán aventuras. Ésta es una novedad muy importante, ya que en todo momento se puede tomar el control de cualquier personaje y usar sus poderes. Formar un equipo variopinto con magos, guerreros y ladrones es la táctica idónea para afrontar cualquier búsqueda.

Neverwinter Nights 2

Desarrolla: Obsidian

Distribuye: Atari

Plataforma: Windows

Género: Rol

Recomendado: Mayores de 12

Precio: 50 euros

Internet: www.atari.com/ nwn2/

Al finalizar este aprendizaje, robando a los visitantes, peleando en combates reglamentados y hechizando a pobres animales, la historia continúa con un inesperado ataque de Enanos Grises durante la noche, dirigidos por un oscuro mago, que parecen estar buscando un objeto de gran valor supuestamente escondido en la ciudad. La misión principal será seguir las instrucciones de Farlong, un elfo y padre adoptivo del protagonista, que le envía a unas ruinas a recuperar dicho objeto y a trasladarlo a la ciudad de Neverwinter.

Una de las grandes mejoras es el apartado visual. El primer Neverwinter Nights era parco de detalles e irreal en su conjunto. Todo esto queda atrás, gracias en parte al avance de la tecnología en estos cinco años, pero también al buen hacer de Obsidian. Los prados son curvilíneos tapizados con hierba meciéndose al ritmo de la brisa, nada de triángulos gigantes verdes con cubos grises haciendo de piedra.

Personajes con carácter

Los personajes poseen carácter propio; patente es su aspecto físico. Se puede elegir entre una docena de razas y a sus rasgos modificarles peinado, color, ojos, entre un largo etcétera. Hecho esto hay que bautizarlo, decidir su alineación, repartir sus puntos de experiencia e incluso escribir una breve historia sobre su pasado. El objetivo es crear un personaje único que dé un toque muy personal a la aventura.

El escenario se divide en grandes zonas rectangulares que obligan a que se produzcan cargas intermedios si se pasa de unas a otras, lo que resta algo de dinamismo. Afortunadamente, las zonas son bastante grandes, con lo que no hay que sufrir estos intermedios muy a menudo. La buena ambientación sonora (se oye el bullicio de la gente, los animales y el viento) y musical (con melodías medievales) contrarresta estos cortes y refuerza la inmersión en la historia.

Sin embargo, son las herramientas de creación de aventuras lo que hace grande a este título. Con el editor Aurora y el Cliente de Dungeon Master, es decir, el jugador que hace de Amo del Calabozo, se puede jugar a rol con el ordenador.

Con el editor se crean los escenarios, los personajes, sus diálogos, e incluso las escenas cinemáticas que darán sentido al argumento, con posibilidad de colocar las cámaras en cualquier punto.

A continuación se programan los llamados scripts, que son los eventos que se disparan cuando se consigue un objetivo en la aventura, y finalmente se pone todo el paquete en Internet para que cualquiera juegue. Pero, atención, lo puede jugar solo o en modo cooperativo con otros aficionados en red y (esto es lo mejor) con jugadores haciendo de Amos del Calabozo, que irán adaptando la aventura a las reacciones del grupo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 22 de noviembre de 2006.