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La crisis mexicana

Autobombo del presidente Fox en su despedida política

En vísperas del final de su mandato, el presidente Vicente Fox goza de un alto nivel de aceptación entre los ciudadanos y parece decidido a mantener esa buena imagen hasta el último minuto del 30 de noviembre (el relevo presidencial tendrá lugar el 1 de diciembre), lo que le ha llevado a emular sus días de candidato, cuando aparecía en todos los medios sin reparar en gastos.

Fox pasó a la historia de México cuando en las elecciones presidenciales de 2000 su Partido Acción Nacional (PAN) acabó con el monopolio de 72 años de gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Ahora, el presidente Fox utiliza las mismas prácticas priístas de culto a la personalidad para despedirse. Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, no cesan de transmitir anuncios publicitarios con el mensaje de que [con Fox] las cosas cambiaron para bien. En tales mensajes no hay mención alguna a los problemas del país: por ejemplo, el conflicto político que padece el Estado de Oaxaca, donde reina la ingobernabilidad desde el mes de junio, o la violencia asociada al narcotráfico, con 2.000 ejecuciones en lo va de año, o las protestas desencadenadas tras las pasadas elecciones presidenciales.

El diario Reforma ha puesto el dedo en la llaga al informar de que la presidencia está aprovechando como nunca el uso de los espacios gratuitos del Estado en radio y televisión. Y según datos de la Secretaría (ministerio) de Hacienda, en 2005 Fox difundió su obra e imagen usando 12.000 horas gratuitas [oficiales] de radio y 4.669 de televisión. En su última etapa, en los primeros nueve meses de 2006, el tiempo se disparó: 31.151 horas en radio y 5.600 en televisión.

Según el mismo informe, el presidente Fox destinó de enero a junio 6, 2 millones de pesos (445.176 euros) a la difusión de mensajes y actividades del Ejecutivo, y de julio a septiembre 8, 6 millones más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de noviembre de 2006