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APUNTES

Examen a la endogamia universitaria

Dirigentes académicos de los tres principales centros valencianos opinan sobre el sistema de selección del profesorado

¿Son endogámicas las universidades? La pregunta, que se replanteó hace unas semanas, ha generado un acalorado debate, dos trincheras en el seno de las facultades. Parece claro, sin embargo, que el bando de quienes lo niegan es más numeroso. Aunque con matices; casi nadie rebate la evidencia de que la inmensa mayoría de quienes consiguen una plaza de profesor funcionario ya pertenecían a la universidad convocante. Pero desmienten que ello implique la elección injusta del candidato de la casa que, en la mayor parte de los casos (un estudio del CSIC lo estima en un 70%), era el único que se presentaba.

Pero, ¿qué opinan los responsables del profesorado de las universidades? Los de la Universitat de València; la Politécnica y la Universidad de Alicante han respondido a las mismas preguntas: ¿Por qué ganan casi siempre los candidatos de la casa?, ¿por qué existe tan poca movilidad?, ¿es el sistema adecuado en el camino hacia la excelencia?

Los tres niegan haber presenciado cacicadas, las cuales, en todo caso, serían "revocadas" por los jueces. Y coinciden en que no existe ningún incentivo para moverse de universidad. Al contrario. Afirman que, tal y como está diseñado el sistema, cambiar de campus, grupo de investigación y ciudad sólo acarrea gastos y problemas. Y que eso explicaría la ausencia en la mayor parte de las ocasiones de candidatos de fuera. Reconocen, sin embargo, que universidades y departamentos suelen convocar las plazas cuando tienen la seguridad de que el candidato de la casa puede optar a ella, por su currículo, con ciertas garantías. Y aceptan que esa es la vía normal de promoción y estabilización del profesorado. Consideran que el hecho de conocer al candidato, de saber que va a encajar bien en el grupo de investigación, y en el humano, del departamento, tiene su importancia, y confirman que promocionar a alguien de dentro sale más barato: En vez de crearse un nuevo contrato, se mejora uno que ya existía.

ANTONIO MARCILLA. Universidad de Alicante

El vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado de la Universidad de Alicante, Antonio Marcilla, no le encuentra "demasiados problemas" al sistema de selección del profesorado que ha funcionado en España en los últimos años. Lo considera "tan público y tan claro como cualquier otro". Afirma, sin embargo, que tanto el modelo de habilitación estatal instaurado con la Ley Orgánica de Universidades (al que por otra parte atribuye serios inconvenientes) como el de acreditación que se baraja para su reforma, son preferibles, porque garantizan unos filtros previos y exigentes para ser profesor.

Un estudio del CSIC asegura que al 70% de las plazas universitarias se presentó un solo candidato, y que en el 96% de los casos la obtuvo alguien de la casa. Marcilla opina que el número de aspirantes puede explicarse por el escaso interés que despierta el mundo académico; y por la proliferación de universidades, que conllevaría una escasez de candidatos. Cree que no hay ningún incentivo para la movilidad, y además añade: "La movilidad, ¿por qué? Con Internet, hoy, estés donde estés, estás conectado".

El vicerrector afirma también: "Efectivamente cuando una universidad, un departamento, convoca una plaza es porque tiene garantías de que el que se presenta tiene méritos suficientes como para poder sacarla sin hacer el ridículo. Y sin que suponga ningún problema porque más o menos se conoce la situación de las áreas de conocimiento. Eso también es posible por el propio sistema, por el que las universidades no tienen presión por sacar las plazas en un momento determinado, sino que tienen autonomía para convocarlas o para solicitar que se convoquen. Y si en el departamento donde se convoca la plaza consideran que hay alguien preparado, con un currículum y unas capacidades, eso, como se conoce cuál es la situación del área, de alguna manera es una media garantía de que aquello puede salir. Quizá eso también puede hacer que la tasa de éxito de la casa sea tan alta"

¿No se parece eso a convocar las plazas a la medida de los candidatos? Marcilla responde que no. Y cree que la alternativa, que alguien ajeno a la universidad hiciera un análisis, que considera muy complejo, sobre cuántas plazas hacen falta en cada área de conocimiento y finalmente dijera: "Hoy hacen falta tantos funcionarios de tal área de conocimiento, y por lo tanto hoy se convocan las plazas...", vendría a ser algo parecido a acabar con la autonomía universitaria.

MIGUEL FERRANDO. Politécnica de Valencia

El problema de la falta de movilidad, cree Miguel Ferrando, vicerrector de Estructura Universitaria de la Politécnica de Valencia, no es un problema exclusivo del mundo académico sino consustancial a la sociedad española. "Los propios alumnos quieren estudiar en su ciudad. Y los políticos pretenden que en cada ciudad prácticamente haya una facultad de Informática o una Escuela de Ingenieros de Telecomunicación. Cuando muchas veces no está justificado suficientemente por la demanda".

¿Qué hace falta para invertir esa tendencia? "Debería haber un estímulo por parte del ministerio y por parte de las comunidades autónomas que fomentara la calidad de las universidades. En el momento que el plan de financiación les dé a las universidades más dinero por la calidad de su plantilla, el cambio será automático. Ahora mismo tenemos un plan de financiación donde el parámetro básico es el número de estudiantes y el de créditos matriculados. Mientras no se considere la calidad investigadora y de la plantilla como un mérito relevante, no va a cambiar el sistema. Yo creo que sería posible un sistema más competitivo, pero tiene que hacerse desde arriba. Desde los modelos de financiación que primen muchísimo la calidad y que primen muchísimo la competitividad entre universidades".

Ferrando apunta dos ideas que podrían servir como incentivos: "Que aquella universidad que tenga un mayor porcentaje de doctores o de catedráticos con mención de calidad, o de personal acreditado, tenga una financiación muy superior a la de aquella que tenga una plantilla de mala calidad. O que la financiación tenga también en cuenta la producción investigadora de la universidad".

Ferrando coincide con Marcilla en que lo normal es que las plazas se convoquen para estabilizar a los profesores que ya trabajan en los centros académicos bajo una figura distinta a la de funcionario. Y en que ello se ha venido haciendo, salvo excepciones, cuando los candidatos de la casa cumplían unos estándares de calidad. Es decir, cuando el de dentro había alcanzado un nivel en el que su victoria ante el tribunal era justa.

Como sus dos compañeros, critica los problemas "operativos" que ha generado el sistema de habilitación instaurado por la LOU y ve por ello adecuado el cambio hacia la acreditación. Considera, sin embargo, que la habilitación tiene la virtud de "elegir a los mejores".

CARLOS FERREIRA. Universitat de València

"¿Tú crees que una persona cambia de universidad fácilmente cuando los sueldos que tiene no son precisamente una maravilla? Desmontas toda una casa, desmontas el trabajo de tu mujer o de tu marido, y te vas a otro sitio con un montón de problemas de tipo económico". Carlos Ferreira, vicerrector de Profesorado y Ordenación Académica de la Universitat de València, le ve todavía otro problema a la cuestión de la movilidad, en este caso en el área de ciencias. "Has presentado a la comunidad autónoma un proyecto para que te financie parte de un laboratorio. Acudes a proyectos nacionales, y consigues otra cantidad. Incluso la universidad te da ayudas a la investigación. Y entonces, cuando ya has montado toda la infraestructura y un grupo de investigación, tu equipo, dices: 'para subir [en el escalafón] me tengo que ir, por ejemplo, a Santander. Desmonto todo lo que tengo aquí, lo vuelvo a montar allí. Voy incluso en contra de lo que allí se está haciendo...' No es nada fácil lo de cambiarse de sitio".

Ferreira asegura que nunca asistió, antes del sistema instaurado por la LOU, al compadreo entre los cinco miembros del tribunal -dos de la universidad convocante y tres de fuera- para alcanzar el éxito del candidato de la casa. E intuye que en el fondo del problema de la movilidad subyace la figura de profesor-funcionario. "Nosotros no tenemos la capacidad de movernos que se da en las universidades americanas, que son las que se ponen de modelo. Porque es que allí te contratan. Tú negocias con la universidad cuáles son tus condiciones. Aquí eres un funcionario del Estado que ha sacado una plaza y estás donde estás. Y ese sistema funcionarial no es el mejor para conseguir la movilidad. Eso se consigue si tú le ofreces a una determinada persona una cantidad de dinero y unas ciertas condiciones de trabajo que le hacen atractivo cambiar de sitio".

En las universidades con más historia todo el mundo conoce algún departamento en el que han acabado reunidos, por ejemplo, un catedrático, su mujer y su yerno. O el abuelo, el hijo y el nieto. La Universitat de València no es una excepción. ¿Cómo se llegó a eso? "Se producía porque existía una estructura de poder dentro del departamento y una relación con gente de otros departamentos similares de otras universidades españolas. Y habría un cierto acuerdo. Si ahora se habla de endogamia dentro de la universidad, antes de la LRU (Ley de Reforma Universitaria) había una endogamia dentro de los grupos de una misma área".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de noviembre de 2006