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Editorial:

Una incógnita

Finalmente el PSOE ha desvelado quién será su candidato a la alcaldía de Madrid: Miguel Sebastián, director de la Oficina Económica de la Presidencia, estrecho colaborador y amigo de Zapatero, no adscrito al partido, inspirador del programa económico de los socialistas en las elecciones de 2004, ex jefe del servicio de Estudios del BBVA -desde donde discrepó con la política fiscal del Gobierno del PP- y profesor universitario con formación en EE UU. Es, sin duda, un currículo brillante, que no despeja la incógnita de saber si una persona bastante desconocida para los madrileños, sin experiencia política directa y sin especial carisma puede derrotar al alcalde Ruiz-Gallardón.

Sobre el papel no son muchas las posibilidades que tiene, aunque quien más arriesga en el empeño es seguramente Zapatero y, en cierto modo, también el actual regidor, por su condición de favorito. La principal baza del aspirante sería sacarle los colores al rival, censurándole el panorama de una ciudad permanentemente en obras, endeudada fuertemente para muchos años debido a la reforma de la M-30, con un tráfico caótico y una grave falta de vivienda para los jóvenes. Entre sus objetivos está precisamente el voto juvenil y el de colectivos sociales minoritarios. Si Sebastián pierde no será tan humillante para alguien que no es un político profesional, como podría haber ocurrido si el candidato hubiese sido Bono o Fernández de la Vega.

Si el derrotado fuese Gallardón, el alcalde habría firmado su sentencia de muerte política (lo que contentaría a no pocos de sus compañeros de partido) y su aspiración de llegar a La Moncloa. Pero para Zapatero el riesgo es mucho mayor, como astutamente le transmitió ayer mismo Gallardón al subrayar que la candidatura de Sebastián es una apuesta directa del jefe del Gobierno, quien, por tanto, deberá asumir las responsabilidades del resultado electoral. Parece como si desde ayer el ambicioso alcalde madrileño hubiese iniciado su propia campaña para sustituir un día a Zapatero.

Con la designación de Sebastián concluye el frívolo espectáculo dado por los socialistas desde el pasado verano en la búsqueda de un candidato idóneo a la alcaldía de Madrid. Al menos se han ahorrado unas semanas más de chirigota entre los ciudadanos. El jefe del Gobierno se ha implicado mucho en el proceso, unas veces con ingenuidad y otras con torpeza, y al mismo tiempo actuando sin contar con la opinión de la dirección ni de la militancia de su partido en Madrid. No es la mejor manera de hacer las cosas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de octubre de 2006