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Reportaje:

Prohibido hablar de religión en la comida

El restaurante La Favorita no permite en su local actos en contra de sus convicciones

El restaurante La Favorita, que hace un mes vetó la celebración de un enlace entre dos hombres en su local por "política de empresa", pidió hace alrededor de dos años a la Fundación Alternativas -vinculada al PSOE- que no realizase presentaciones de proyectos relacionados con la religión. El departamento de prensa de Alternativas había celebrado alrededor de 12 comidas en La Favorita (con un gasto de unos 1.000 euros cada una), pero tras el incidente decidió cancelar la cuenta que tenía. Javier Otero, el director de este restaurante situado en Chamberí, no quiso ni confirmar ni desmentir este hecho, pero reivindicó su libertad para vetar celebraciones en su restaurante que vayan en contra de sus convicciones religiosas.

El Ayuntamiento abrió un expediente al local por vetar la celebración de una boda gay

El día del incidente, Alternativas presentaba un proyecto para eliminar progresivamente la financiación a la Iglesia. "El maître nos pidió una copia del dossier de presentación diciendo que estaba muy interesado en el contenido", explican desde la fundación. Esa misma noche, dicen las mismas fuentes, Javier Otero les llamó para pedirles "muy educadamente" que no se hicieran presentaciones de los temas sobre religión en el restaurante. "Decidimos cancelar la cuenta y no volver más. No vamos a estar consultándole antes de cada reunión a ver qué le parecen los temas", aseguran. "No quiero ni pensar el día que fuéramos con uno sobre eutanasia", añaden.

El Ayuntamiento abrió un expediente informativo a La Favorita por no permitir que dos hombres celebrasen su boda en el restaurante. "Yo tengo mis propias convicciones y no tengo porqué hacer nada que vaya en contra de ellas. Yo respeto a los homosexuales, pero no tengo que hacer nada que me incomode en mi casa. Esto pertenece al ámbito privado", explicó. "Tener un restaurante no significa ser un esclavo", dijo en referencia a su derecho a elegir cómo se hacen las cosas en su local.

Otero comparó su actitud con la de los concejales y jueces que se han negado a oficiar bodas entre personas del mismo sexo. Es, dice, una cuestión de objeción de conciencia. "Durante la época del servicio militar, también había gente que tenía el derecho de objetar. No sé lo que terminará resolviendo el Consejo General del Poder Judicial [en referencia a los concejales díscolos], pero uno no puede ser incongruente consigo mismo", relató. "Además, no es tan terrible. Hay más restaurantes en la ciudad donde pueden celebrarlo. Nosotros les pedimos por favor que fueran a otro", añadió.

Preguntado sobre si él se sentiría discriminado si no le dejasen comer en un restaurante debido a sus "convicciones" religiosas, contestó que no. Según él, todo el entuerto responde más bien a guerras políticas en las que él ha resultado ser "una víctima propiciatoria".

Tras el incidente de hace un mes, la Fundación Triángulo ha pedido que se abra un expediente sancionador -y no de información, como ha hecho el Ayuntamiento- contra La Favorita y que se tenga en cuenta el Código Penal. Según el artículo 512: "Los que en el ejercicio de sus actividades profesionales o empresariales denegaren a una persona una prestación a la que tenga derecho por razón de su ideología, religión o creencias, su pertenencia a una etnia, raza o nación, su sexo, orientación sexual, situación familiar, enfermedad o minusvalía, incurrirán en la pena de inhabilitación especial para el ejercicio de profesión, oficio, industria o comercio, por un periodo de uno a cuatro años".

En los próximos días se conocerá si el Ayuntamiento sanciona finalmente al restaurante, que podría enfrentarse a una multa de hasta 15.000 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de octubre de 2006