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CARTAS AL DIRECTOR

¿Historia sin testigos?

Leí con bastante perplejidad el artículo que el influyente historiador Santos Juliá publicó el sábado pasado en Babelia bajo el título Trampas de la memoria. Partiendo del comportamiento de algunos renegados falangistas, el autor se emplea a fondo para justificar una cita del polémico historiador inglés Tony Judt, que califica a la memoria, nada menos, como "pobre guía para conocer el pasado". Yo me pregunto: ¿qué les pasa a algunos historiadores españoles para que tengan tanto miedo a la memoria de la gente? ¿Desde cuándo la memoria no sirve para testimoniar la verdad? ¿O acaso en los juicios ya no hacen falta testigos para condenar a alguien? ¿Ya no vale el testimonio de un hijo que ha visto cómo fusilaron a su padre para testificar el horror del fascismo? ¿Hemos llegado a tal arrogancia académica que las víctimas tengan que pedir permiso a los historiadores para saber si su sufrimiento fue verdad o simplemente un espejismo?

Está por ver si el señor Juliá hubiese formulado semejante ataque al valor de los testimonios en países como Alemania, Austria, EE UU o Israel, donde cientos de organizaciones de víctimas del Holocausto recuerdan a la sociedad justamente con su memoria la tremenda importancia de no olvidar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de octubre de 2006