Entrevista:PEDRO DUQUE | Astronauta de la Agencia Europea del Espacio y director de Deimos Imaging

"Éste es un buen momento para adquirir otra experiencia del espacio"

En el Congreso Internacional de Astronáutica, celebrado hace unos días en Valencia, Pedro Duque (43 años) ha tenido dos papeles: el de astronauta de la Agencia Europea del Espacio (ESA), con 14 años de experiencia, y el de ingeniero que se zambulle en el mundo empresarial espacial. Acaba de tomar una excedencia de dos años en la ESA y ya desempeña el cargo de director general de Deimos Imaging, una empresa española recién creada para la explotación integral de su propio satélite de observación de la Tierra. Mientras empieza a tomar contacto con ese satélite privado que se está construyendo en el Reino Unido, repasa su experiencia como astronauta, interrumpida por el momento.

Pregunta. ¿Por qué esta decisión de entrar de lleno en la empresa privada espacial?

"Yo miedo no he sentido, quiero decir miedo de ese que se te hace una bola dentro que va creciendo... Pero sustos sí que he tenido"
"Me gusta dedicarme a fondo a las cosas y no miraré ahora a los astronautas con envidia; sé lo que hay detrás en esfuerzo y gasto personal"

Respuesta. Influyen muchos factores, como la oportunidad ahora de trabajar con amigos con los que ya trabajé hace años y que me ofrecen algo bonito y diferente. También cuenta el hecho de que tendría que esperar bastante, cinco o seis años, para volver a volar al espacio. Pero este paso no significa apartarme definitivamente de mi carrera de astronauta porque voy a mantener mi cualificación. En resumen: es un buen momento para adquirir otra experiencia del espacio y no estar enfocado en una sola cosa.

P. ¿Qué espera encontrar en la dirección de una empresa?

R. Es bueno cambiar de vez en cuando y éste es un proyecto especialmente atractivo porque es la primera vez que una empresa privada en Europa encarga su propio satélite para explotarlo comercialmente. Es un desafío nuevo, y espero que me ayude a crecer en mi experiencia.

P. ¿Y le sirven sus antecedentes como astronauta?

R. Directamente no, porque no me van a mandar al espacio, pero sí como un ingeniero que lleva 20 años trabajando en la ESA y que conoce muchos programas. En los últimos cinco años estuve en el centro tecnológico de la ESA, en Holanda, en un equipo de 17 personas que controlábamos el Columbus [el programa del módulo europeo para la Estación Espacial Internacional. Así que tengo experiencia en los procesos, en cómo trabaja la industria espacial, los controles necesarios... y ahora pienso aprovechar toda esa experiencia en Deimos Imaging.

P. ¿Cree que volverá a volar en otra misión?

R. Creo que sí, pero los plazos no están claros en absoluto. Además, primero tendría que ofrecérmelo la ESA y luego yo tendría que tomar la decisión de aceptar o seguir haciendo lo que ahora empiezo en la empresa.

P. ¿Podría haber otro astronauta español mientras tanto?

R. Eso dependerá de una nueva selección de astronautas en la ESA y se está ya hablando de que sería una de las primeras cosas a hacer cuando el Columbus funcione a pleno rendimiento.

P. En 14 años ha estado 20 días en el espacio, sumando sus dos misiones. ¿Qué hace un astronauta el resto del tiempo?

R. Cada vez que vas a volar tienes, cómo mínimo, un año de preparación específica. Pero antes, nada más empezar, tienes que hacer cursos de dos años. Luego dedicas otros años de habilitaciones especiales, como el de paseos espaciales o el de robótica. Toda esta preparación ocupa un tercio de la vida de un astronauta. Y el resto del tiempo, pues casi todos nos buscamos un proyecto en el que volcar nuestra experiencia, los ingenieros más enfocados en ingeniería y los científicos, en ciencia.

P. ¿Ha tenido miedo alguna vez?

R. Desde luego ser astronauta es arriesgado. Las cifras no son en absoluto de seguridad al cien por cien, sino de un riesgo cuantificado y altísimo comparado con otras actividades. Yo miedo no he sentido, miedo de ese que se te hace una bola dentro que va creciendo... Pero sustos sí que he tenido.

P. ¿Por ejemplo?

R. En el primer vuelo, estábamos haciendo experimentos en el laboratorio y de repente empezó a botar todo bum, bum, bum... resulta que el comandante estaba encendiendo los cohetes para separarse de un satélite. Es una de las mil cosas que pasan en una misión, y habíamos previsto 999, pero ésa no. O estás sentado en la Soyuz y los sensores de presión de un compartimento y otro marcan muy distinto y te das el susto porque piensas: "Me he dejado la válvula por abrir". Hasta que repasas todo el proceso y ves que lo has hecho bien y que lo que pasa es que el sensor está frío, pues te das un susto, sobre todo si de eso depende el aire que tienes que respirar.

P. ¿Cuáles son sus recuerdos mejor y peor como astronauta?

R. El mejor, creo que el de toda la gente que te ayuda. O también la primera vez que miré a la Tierra... nunca se me olvidará la primera vez que, en órbita, distinguí la geografía que tenía debajo, que identifiqué la zona que estaba sobrevolando, porque al principio no sabes cómo es de grande todo, ves una isla y no sabes cual es... Recuerdo que identifiqué Taiwan y vi lo grande que era y, por primera vez, me di cuenta de lo alto que estaba. En cuanto al peor recuerdo, creo que me sentó bastante mal que en 1994, en la misión Euromir 94 a la estación Mir, pese a que yo sabía que los científicos habían votado por mí, al final, por cuestiones internas de gestión y de nacionalidad de unos y otros, no me tocó volar. Tenía 31 años, llevaba poco tiempo como astronauta y no sabía todavía cómo iba esto.

P. ¿Se hizo usted astronauta como ingeniero o como entusiasta del espacio?

R. Como ingeniero. Llevaba ya unos años trabajando en temas del espacio. Pero también hay algo que te llama la atención del aspecto bestial de la astronáutica, y la aventura. Es lo que tenemos que destacar ante los niños y los jóvenes, que les atrae eso de "¡Cómo molaría!". Pero hay que reconducir ese ímpetu hacia la importancia de estudiar ingeniería o ciencia y explicarles que, además del astronauta, hay 15.000 personas detrás del transbordador espacial y otros tantos en Rusia, todos muy orgulloso de su trabajo.

P. ¿Va el hombre a volver a la Luna en un plazo de 15 años?

R. La otra vez los estadounidenses lo lograron en ocho años, pero lo abandonaron en cuatro. Todo depende de poner la carne en el asador y 15 años es el plazo que dan los responsables de las industrias si hay la financiación adecuada. Todo depende mucho de factores geopolíticos que son difíciles de predecir.

P. ¿Iría usted a la Luna?

R. "El diablo está en los detalles", dicen los americanos. Dependería de cómo fuera el planteamiento: si fuera con las normas y criterios de la ESA, claro que sí. Pero si van a tardar 15 años, no creo que me diera tiempo.

P. ¿Le va a dar rabia ahora ver todo eso desde la barrera?

R. Esta nueva actividad requiere toda mi atención, hablaré con mis amigos y compañeros astronautas, pero no creo que tenga mucho tiempo para ocuparme de pensar en lo que podría estar haciendo. Me gusta dedicarme a fondo a las cosas y no voy a mirar a los astronautas con envidia, porque también sé lo que hay detrás en esfuerzo y gasto personal. Conozco la parte no glamourosa de ser astronauta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 17 de octubre de 2006.

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