Un ilustre olvidado
Buena parte de las obras hidráulicas que jalonan el cauce del Lea son obra de Pedro Bernardo Villarreal de Berriz, un ingeniero guipuzcoano que alcanzó renombre mundial a comienzos del siglo XVIII por sus innovaciones en este campo. Nacido en 1669 en Mondragón, decidió romper la tradición de la familia, varios de cuyos miembros trabajaron como secretarios en la Corte de los Austrias, para dedicarse a desarrollar sobre el terreno sus proyectos.
Después de estudiar en Bergara, Pamplona y Salamanca, Villarreal de Berriz halló en este río el espacio adecuado para llevar a la práctica sus conocimientos. Su mayor aportación fue el desarrollo de una novedosa técnica para la construcción de embalses, basada en la colocación de contrafuertes como base del muro de contención. Esos apoyos transmitían la presión del agua al suelo, disminuyendo la presión que soportaba la pared. De esta forma, logró presas más altas, que podían almacenar mayor cantidad de agua y, en consecuencia, producir más energía.
Algunos expertos consideran a Villarreal de Berriz el inventor de esa técnica, aunque otros atribuyen ese honor a los romanos. "No se le tiene como un gran científico, sino como un empresario íntegro, que realizó las innovaciones de las presas y de los sistemas de las ferrerías no en un plano teórico, sino práctico", argumenta el responsable del proyecto de itinerario.
Su creación más avanzada es el complejo hidráulico de Bengolea, situado a la altura de Gizaburuaga, en una zona aún no accesible por el camino peatonal. La ferrería está situada en un palacio barroco que sustituyó a una torre banderiza anterior. Considerada como una de las ferrerías más complejas encontradas en el País Vasco, conserva aún parte de su estructura original, incluyendo la rueda hidráulica de metal.
Al final de la ruta recuperada, a la izquierda del camino, pueden contemplarse otros vestigios industriales de interés. Se trata de los restos del muro del molino de mareas Marierrota, una infraestructura originaria del siglo XVI. El camino practicable acaba en Mendexa, junto al puente que salva la ría, a pocos metros del mar.
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