Reportaje:

Nadie hizo nada por María

Justicia investiga la muerte en Murcia de una niña envenenada por su madre pese a las denuncias previas sobre el maltrato - El padre y el padrastro avisaron al juzgado, la fiscalía, asuntos sociales y la Guardia Givil de los abusos que sufría la menor

Mariano Bou aguanta el tipo. Tiene la voz temblorosa pero no rompe a llorar. Retuerce las manos y mira al frente mientras habla de su hija, María, fallecida a manos de su madre en mayo de 2005, cuando tenía siete años. "La chiquilla estaba muy bien educada e iba bien en los estudios. No hay derecho, porque yo lo advertí", musita.

Mariano Bou recuerda cómo pasó el 13 de abril de 2005 denunciando que su ex mujer, María, maltrataba a la hija que había tenido con él. Recuerda cómo la Policía Nacional y los servicios sociales de la Comunidad de Murcia no le hicieron caso. Recuerda cómo denunció junto al padrastro de la niña ante la Guardia Civil. Y recuerda cómo recibió una llamada el 30 de mayo contándole que su hija yacía muerta en su cama. La había matado su ex mujer antes de suicidarse. Sus denuncias no habían servido para nada. El Ministerio de Justicia ha abierto una investigación para ver si se trata de un nuevo caso Alba, la niña que acabó en la UVI por maltrato continuado pese a las denuncias previas.

Mariano Bou y María Antolinos tuvieron un matrimonio difícil. Vivían en las torres de Cotillas, una pedanía de Murcia. Se casaron en 1998 y en la Nochebuena de 2000 él se fue de casa tras una discusión. "Ella estaba en tratamiento por depresión y había intentado suicidarse. En una pelea me llevé a la niña", explica.

Son las nueve de la noche del martes 19 de septiembre y el termómetro marca 29 grados. Mariano ha sacado dos sillas de plástico a la puerta de la casas de sus padres, con los que vive. Es una casa blanca de dos plantas en la huerta de Murcia. Alrededor hay algún naranjo y limonero, pero cada vez menos. Están siendo sustituidos por ladrillos. Un azulejo de la virgen de la Fuensanta sobre la entrada preside la charla.

Mariano y su esposa se separaron y la mujer se quedó con la custodia de María, que entonces tenía dos años. "Yo no le pasaba siempre la pensión y ella no me dejaba ver a la niña", admite Mariano. Hoy tiene 39 años, trabaja esporádicamente como albañil. Tiene los ojos azules y el pelo rubiáceo que heredó su hija.

María Antolinos se casó en julio de 2004 con Luis Fabián Saura, pero duró poco. En enero de 2005 se separaron y, cuatro meses después, Luis Fabián fue a ver a Mariano. El padrastro de María se encontraba así con el padre. "Luis Fabián me contó que mi ex mujer maltrataba a la niña, que la tenía acobardada y que cada vez tomaba más pastillas", rememora Mariano.

Ambos decidieron denunciar el caso. "El 13 de abril de 2005 fuimos al juzgado de familia, a la policía nacional y a servicios sociales y no nos tomaron la denuncia porque decían que no teníamos pruebas. Por la tarde, la Guardia Civil de Alcantarilla sí recibió la queja". A las 17.40 del 13 de abril de 2005, Luis Fabián, el único que había presenciado las agresiones, denuncia a la Guardia Civil que María le insulta y que "a la niña no le pasa ni una y a la más mínima tontería la emprende con ella pegándole e insultándola, que está acobardada"; "que le arranca el pelo levantándola en peso durante los episodios de ira"; "que lo ha amenazado con poner fotos de su hija desnuda en Internet para echarle a él la culpa". Es la primera denuncia.

La Guardia Civil, según la abogada de Mariano, Inmaculada Ferrando, remitió la denuncia al Juzgado de Instrucción número 1 de Molina de Segura. Y allí se quedó. El juzgado, según Ferrando, incoó juicio de faltas por injurias, aunque no fijó fecha para su celebración.

Paralelamente, los dos hombres insistieron ante los servicios sociales de la Comunidad de Murcia, que el 18 de abril abrió un expediente para ver si había maltrato. El Servicio de Protección de Menores afirma en un escrito que el 5 de mayo pidió informes a la fiscalía de menores y al colegio y que puso en guardia a la trabajadora social del ayuntamiento de Murcia en la zona. El servicio autonómico ha reconocido después que "no se adoptaron medidas de urgencia ya que no se consideraron necesarias" porque la menor no estaba "en una situación de grave riesgo". El expediente se cerró el 31 de mayo. Madre e hija estaban muertas.

Nueve días antes, el 21 de mayo, María suministró a su hija alcohol, Alprazolam y Diazepam, según la autopsia, en dosis tóxicas. La niña falleció en su cama. Vestía "camiseta de tirantes con dibujos y pantalón de rayas rojas". La madre apareció en el suelo del baño muerta por el mismo cóctel. Los cadáveres pasaron inadvertidos durante una semana, hasta el 30 de mayo. El juez que procedió al levantamiento del cadáver fue el mismo que hizo caso omiso a la denuncia que describía entre otros hechos los malos tratos de los que era víctima la menor y que le remitió la Guardia Civil. El juez era Álvaro Salvador. Cuatro meses después dejó Molina de Segura y pasó a la jurisdicción social. Desde el juzgado que dirige ahora no detalla su actuación: "No hablo de ese caso".

El padre reclama una indemnización a la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y al Ministerio de Justicia porque, afirma podrían haber impedido la muerte de María si hubieran actuado correctamente. Mariano pide una indemnización a las dos administraciones. La reclamación es el paso previo a la demanda ante los tribunales. La indemnización que Bou reclama valora el daño gravísimo moral que le ha producido la muerte de su hija.

El servicio de protección de menores de la comunidad, que no ha querido explicar su versión a este dario, respondió a Bou que no se sienten responsables de la muerte y que "las actuaciones realizadas fueron adecuadas en tiempo y forma ya que la adopción de medidas urgentes en casos de protección de menores requieren disponer de la información contrastada suficiente". El Ministerio de Justicia contestó el pasado martes que investigará el caso.

Mariano enciende otro pitillo y se explaya: "A veces iba con mi hija a un bar y pedía un café. A ella le daba un vaso de leche y le decía que era café. Ella quería hacer como su padre y yo le daba el gusto. Nadie me va a devolver a mi hija, pero quiero que quien lo hizo mal lo reconozca y lo pague. Que no le pase a ninguna niña más. Yo intento trabajar para ocuparme la cabeza y llevarlo como puedo".

El caso es similar al de Alba, la niña de Barcelona que acabó en la UVI por el maltrato del padre pese a que había numerosas denuncias previas. "El de mi hija es como el de Alba, pero a mí me la quitaron", apunta Mariano. En sus manos sostiene la foto de María. En la imagen tiene el pelo rubio y los ojos azules. Nadie se hace responsable de su muerte.

Mariano Bou sostiene el martes pasado en su casa el retrato de su hija.
Mariano Bou sostiene el martes pasado en su casa el retrato de su hija.MARCIAL GUILLÉN

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción