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Lorin Maazel lanza en Valencia su orquesta soñada para el siglo XXI

La formación de músicos jóvenes del Palau de les Arts competirá con las grandes sinfónicas del mundo

Valencia
La voz se está corriendo. Suena muy bien. Puede ser la gran orquesta española. Es muy pronto para decirlo, pero se dice. Porque los primeros ensayos de la nueva orquesta del espectacular Palau de les Arts de Valencia, diseñado por Calatrava, han superado todas las expectativas. Lorin Maazel levantó la batuta y el reputado director se quedó impresionado por la potencia y brillantez de un sonido destinado a competir con el de las mejores orquestas internacionales. Son 91 músicos de 25 países, jóvenes pero con experiencia, seleccionados entre 5.200. Debutarán ante el público el 8 de octubre con Zubin Mehta, segundo director de la formación. Y el 25 de octubre inaugurarán la temporada de ópera con Fidelio, de Beethoven.

"Tiene tal fuerza y brillantez que ni yo mismo me lo podía creer", fueron las primeras palabras de Lorin Maazel, el director musical de la Orquesta del Palau de les Arts. Él mismo se había encargado de la selección de los músicos. Pero no las tenía todas consigo. Había que escucharlos juntos. Los puso a prueba con La consagración de la primavera, de Stravinski, obra con grandes exigencias para los músicos, y otras partituras complejas. "Potencialmente, puede competir con las mejores orquestas del mundo, aunque queda mucho trabajo", añadió Maazel.

Las expectativas, en cualquier caso, deben confirmase ante el gran público a partir del 8 de octubre, cuando ofrezca su primer concierto. El 25 de octubre, la llamada oficialmente Orquestra de la Comunitat Valenciana inaugurará la temporada estable de ópera del gigantesco Palau de les Arts con Fidelio, de Beethoven, bajo la batuta de Zubin Mehta, segundo director de la formación.

Se han vendido 7.000 abonos en unos días en la primera temporada de ópera en Valencia

"Lo que hace a una orquesta muy buena es que la gente tenga ganas de tocar"

La evolución de la orquesta, con una media de edad que no llega a los 30 años, no ha hecho más que alentar el entusiasmo. Eso dicen los directores y los músicos, jóvenes pero con experiencia, y aquellos que han tenido acceso a los ensayos en el espectacular edificio diseñado por Santiago Calatrava. "Nunca he visto a un grupo progresar tan rápido", apunta Kaynan Johns, el director ayudante de Maazel que está ensayando con el conjunto. Los intérpretes hablan y transmiten sus sensaciones a otros colegas. Se corre la voz en el mundo de la música. La orquesta de la Generalitat, formada a golpe de talonario, suena muy bien.

Ígor Malinovski es el concertino del conjunto. Estuvo tres años en la orquesta de la Ópera de Múnich. Asegura con vehemencia que el sonido "es muy bueno, impresionante en las cuerdas". "¿Puedes imaginar a casi un centenar de fantásticos músicos tocando juntos desde el principio? Hay mucho potencial, un gran poder de entusiasmo en el trabajo. Hay orquestas con músicos mucho más expertos, pero el sonido puede parecer cansado; aquí no, porque los músicos jóvenes están llenos de fuerza. Eso es lo que hace su sonido especial", comenta el violinista ruso de 27 años. Le atrajo, además, la oportunidad "de formar parte de una nueva orquesta y crecer con ella, en un momento en el que muchas orquestas europeas están perdiendo ayudas públicas".

La flautista-solista valenciana Magdalena Martínez no duda: "La nueva orquesta ya puede considerarse una referencia en el panorama español". "A pesar de que llevamos pocos ensayos, se ve enseguida. Porque si haces una orquesta así, el resultado ha de ser casi inmediato. Cuando Maazel cogió la batuta ya se vio su potencial. Después ha de madurar. Maazel fue muy buen violinista y se nota en la elección de las cuerdas, que tienen un sonido muy peculiar y redondo. Tiene un nivel muy alto, sobre todo para lo que estamos acostumbrados en España. En el viento, le gustan los músicos que tengan flexibilidad con los instrumentos. Creo que con su criterio, bastante autoritario, hablo sólo del criterio, ha conseguido una homogeneidad muy interesante", explica la intérprete de 43 años, que ha tocado con anterioridad en la Orquestra Ciutat de Barcelona y en la Sinfónica de Madrid.

De los 91 músicos que integran la nueva orquesta 17 son españoles, de los cuales 12 son valencianos. A las pruebas de selección, realizadas en Valencia y diversas capitales del mundo, se presentaron más de 5.200 aspirantes. El presupuesto asciende a cerca de seis millones de euros anuales. La intendente del Palau de les Arts, la austriaca Helga Schmidt, defendió desde el principio la creación de una orquesta y no la reconversión de, por ejemplo, la Orquesta de Valencia, de titularidad municipal, como han hecho otras óperas.

La presencia de dos estrellas de la dirección mundial ha funcionado como reclamo. También los sueldos ofrecidos. Un solista cobra casi 60.000 euros al año (entre 15.000 y 25.000 euros más que la media de solistas de las orquestas españolas); el ayudante de solista, 54.000, y el tutti, 44.000 euros. La mayoría de los músicos son jóvenes pero experimentados, algunos con una gran reputación mundial, como el clarinetista valenciano Joan Enric Lluna.

El gallego David Fernández, trompa-solista, señala que en la Sinfónica de la Radio Bávara de Múnich y en la Sinfónica de Galicia cobraba menos. Pero indica que la principal razón para concurrir a las pruebas ha sido "la oportunidad de tocar a un gran nivel internacional en España". "Quizá sea la primera oportunidad real de hacerlo. No quiero decir que no haya nivel, pero no ha habido tradición y sigue sin haberla. Lo que hace que una orquesta sea muy buena no es sólo la experiencia y el virtuosismo, es que la gente tenga ganas de tocar. Es fundamental la exigencia de cada uno y que podamos aprender de los directores", concluye.

España cuenta con 26 orquestas, según la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS), y una decena de orquestas juveniles. La gran mayoría floreció al calor de la instauración de la democracia y de la descentralización autonómica, paralelamente a la construcción de nuevos auditorios. Durante el franquismo, tan sólo una media docena de orquestas subsistía al erial musical y cultural. El nivel de esas formaciones, compuestas en su mayoría por funcionarios, era bajo o muy bajo. Muy lejos quedaba el esplendor musical español del renacimiento o el barroco; tan lejos como la distancia que separaba las formaciones españolas de las grandes orquestas del mundo.

En los últimos 25 años, el nivel ha mejorado de manera notable. Pero no hay ninguna orquesta española de renombre internacional comparable a las de Berlín, Viena, Londres, Chicago o a la Royal Concertgebouw de Amsterdam. "Es cierto que España no tiene una orquesta de ese nivel internacional. Pero una cosa es el renombre y otra la realidad. Porque muchos directores han venido a España y se han quedado sorprendidos del buen nivel", apunta Jorge Culla, gerente de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid y directivo de la AEOS. A sus oídos ya han llegado las buenas vibraciones de la orquesta del Palau de les Arts. Culla sostiene que tiene todos los mimbres para ser una orquesta del más alto nivel internacional.

"El punto de partida es muy alto, pero una orquesta no se hace en un mes o en un año; necesita tiempo", asevera Abili Fort, secretario técnico de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, y antes de las orquestas Ciutat de Barcelona y de Balears. Defiende la mejoría de las orquestas españolas y recuerda que "España no tiene ni la cultura musical ni la historia de países como Alemania, Austria o Inglaterra".

Se dice que el nivel orquestal de un país es el índice de su cultura. Esa falta de tradición explicaría la diferencia de nivel con las grandes orquestas, más que cualquier otro factor, como la condición de funcionarios de los músicos, argumenta Fort. El modelo de una orquesta con músicos funcionarios persiste en orquestas veteranas como la Nacional de España, RTVE, Barcelona o Valencia, pero cada vez hay más contratados laborales. Ahora pisan con fuerza la Sinfónica de Galicia, la de Tenerife o la de Granada. Se tiende a que las orquestas dependan de una fundación para dinamizar su funcionamiento. Él caso del Palau.

Fort sostiene que el anquilosamiento, los vicios y la falta de estímulos no derivan tanto de la "condición de funcionarios de los músicos como del convenio colectivo que marca las normas de trabajo". Culla incide en que "las orquestas son para el ocio del ciudadano y deben ajustarse a ello, a tocar los fines de semana, por ejemplo. Pero está cambiando la mentalidad. Oír a otros combate el estancamiento. Los músicos jóvenes salen fuera y vuelven con nuevas experiencias y modos de trabajo.

Robin Hong, de 24 años, ha salido de Washington para vivir en Valencia por "la oportunidad de tocar en una nueva orquesta, con dos grandes directores y músicos jóvenes de todo el mundo". "He tocado la viola en otras orquestas, pero no había tenido esta oportunidad de empezar desde cero. La orquesta necesita tiempo para conseguir un sonido de grupo. La gente viene de todas partes, se acaba de conocer, pero creo que el nivel es muy alto", agrega. A su lado, la violinista coreana de 25 años Yon Joo Lee asiente y añade: "Además, conocer un nuevo país es excitante, sobre todo a través de una orquesta en la que todo es nuevo y cuyo sonido es joven; por tanto, diferente. Y me gusta vivir en España, en Valencia".

También es nuevo para Maazel, de 76 años, crear una orquesta, pese a su dilatada experiencia. Se embarcó en el proyecto de la mano de la intendente, al igual que Mehta, de 70 años. Pero el primer candidato era Jesús López Cobos. Ante la incertidumbre por los continuos retrasos, aceptó la oferta del Teatro Real. Quizá ahora la nómina de directores genere más impactos mediáticos, en consonancia con la arquitectura de Calatrava.

La intendente y antigua asesora del Covent Garden reitera que el contenido ha de estar a la altura del continente. El edificio, con cuatro salas, ha multiplicado casi por cuatro el coste del proyecto original, que ha ido cambiando, hasta alcanzar los 300 millones de euros.

Sobre el nivel de implicación de los dos cotizados directores, muy consagrados y en la recta final de su carrera, Schmidt y Fort sostienen que crear la orquesta es un gran aliciente para Maazel, y que tanto él como Mehta están seducidos por la magnitud del proyecto musical y arquitectónico.

El Palau de les Arts es el buque insignia de la política cultural de la Generalitat y de su presidente, Francisco Camps, del PP, responsable directo de su creación. Camps dice que la programación será "la de mayor calidad que se pueda dar en ninguna otra ópera del mundo" y "compartirá espacio" con el Real de Madrid y el Liceo de Barcelona. Anunció en el Covent Garden que a la oferta tradicional de sol y playa, Valencia suma la cultura.

Para el PSPV-PSOE, sin embargo, el Palau es un "auténtico despilfarro". Los socialistas han mostrado facturas de gastos en hoteles de lujo (alguna de más de 2.000 euros la noche), limusinas y viajes en primera clase, y considera desproporcionados los sueldos de los responsables del Palau, como el de Schmidt, que supera los 156.000 euros, el doble de su homólogo del Teatro Real. La intendente especifica que ejerce dos funciones.

Al margen de la polémica política, la venta de abonos para la primera temporada ha sido un éxito. Se han vendido casi 7.000. El más caro cuesta 1.254 euros y 76 el más barato (hay 80 butacas de nula o escasa visibilidad). La programación incluye las óperas Fidelio, La bohème, Don Giovanni, La Belle et la Bête, La bruja, Cyrano de Bergerac, Simon Boccanegra, El oro del Rin y La valquiria. Plácido Domingo, Waltraut Meier o Matti Salminen son algunas voces que probarán la sala principal, de 1.640 butacas. También se ha programado un ciclo sinfónico y de solistas, con figuras como Barenboim. El presupuesto del primer trimestre asciende a 16 millones de euros. El Ministerio de Cultura aportará financiación y entrará en el patronato del Palau, sede también del Cor de la Generalitat, uno de los más prestigiosos conjuntos vocales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de septiembre de 2006