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Reportaje:Los problemas de la educación

En las fronteras del gueto

Más de 50 centros de Madrid, Valencia, Cataluña y País Vasco, casi todos públicos, tienen más de un 70% de alumnos extranjeros

Una mañana de la primera semana de clase en Madrid. Justo detrás de la estación de tren de Atocha, los escolares, de 6 a 12 años, entran en el colegio público Menéndez Pelayo. El 72% de los alumnos (casi el 90%, según CC OO) procede de otros países. "Eso puede llegar a ser un problema", asegura Dolores Blanco, madre de dos de las alumnas españolas del centro. "Convencida" de que la escuela pública "funciona bien", admite que la concentración de inmigrantes, con la complejidad de realidades educativas y sociales que ello implica, desborda en muchas ocasiones a los docentes. En el mismo barrio, a sólo 200 metros de ese centro, hay "otro mundo", dice Blanco. Es el colegio concertado (privado sostenido con fondos públicos) Salesianos de Atocha. Allí, sólo el 10% del alumnado es extranjero.

El problema no es tener estudiantes inmigrantes, sino su concentración

Más de medio centenar de centros de primaria (de 6 a 12 años) de Madrid, Valencia, Cataluña y País Vasco tiene un porcentaje de alumnado extranjero superior al 70%, prácticamente todos centros públicos. 26 de ellos están en la ciudad de Madrid, al menos 12 entre Valencia, Alicante y Castellón, otros 11 en Cataluña (principalmente en Barcelona y Girona) y dos más en Vitoria. Los expertos coinciden en que la presencia en las aulas de escolares inmigrantes no representa una dificultad para el sistema por sí misma; sin embargo, sí resulta un problema cuando se produce una excesiva concentración.

La pública está asumiendo la educación de los chicos y chicas con más dificultades, entre los que se encuentran, en muchos casos, los inmigrantes. "Los circuitos escolares jerarquizados, con centros de primera y de segunda, se generalizaron en los años noventa en Nueva Zelanda o Reino Unido, y en España está empezando a ocurrir", aseguraba este verano en un curso de la Complutense el secretario general de Educación, Alejandro Tiana, para explicar la necesidad de escolarizar equitativamente a los alumnos con más dificultades. La escuela pública española acoge al 67,5% del alumnado de enseñanzas no universitarias (infantil, primaria, secundaria, bachillerato y FP), pero escolariza al 79% de los colegiales de otras nacionalidades. Dos de cada cinco alumnos extranjeros están en primaria.

En la ciudad de Madrid, donde se concentra la mayor parte de la escuela concertada de la comunidad, ésta acoge el 53% de los escolares y el 32% de extranjeros. De los 26 colegios con más del 70% de inmigrantes -la mayoría en los barrios de Centro, Ciudad Lineal y Carabanchel- sólo siete son concertados. El pago de diferentes actividades extraescolares o del uniforme es una barrera económica para que muchos de ellos accedan a la concertada. Además, "las administraciones permiten a la concertada no reservar plazas durante el curso para alumnos con necesidades educativas especiales porque tienen mucha demanda. Así, cuando los chicos extranjeros llegan a mitad de curso -la mayoría de ellos- se les envía a la pública", asegura Paco García, responsable de la Federación de Enseñanza de CC OO en Madrid.

Uno de los grandes problemas que representa esta situación es que, en ocasiones, sale perjudicada la imagen de la escuela pública -aunque la inmigración no tenga por qué significar que baje el nivel educativo-, por lo que muchos padres españoles optan por llevar a sus hijos a colegios subvencionados. Según un estudio de CC OO, en los últimos años la escuela pública madrileña ha perdido a un 8% del alumnado español en favor de la concertada.

Aunque ni la ausencia de extranjeros es sinónimo de calidad, ni la concertada garantía de gran nivel educativo, los docentes convienen una y otra vez en que la concentración excesiva de inmigrantes en el aula exige más medios. La principal dificultad de los profesores que soportan estos porcentajes es, aparte del idioma, la diversidad de conocimientos y destrezas que traen estos chicos, explica la directora del colegio Menéndez Pelayo. "Tenemos que revisar la programación de contenidos cada 15 días", asegura.

"El hecho de que cada niño proceda de una cultura, muchos de ellos sin haber pisado una escuela -sobre todo, africanos- dificulta un poquito más el aprendizaje", explica Adela Mas, directora del colegio público Profesor Bartolomé Cosío, de Valencia, con un 75% de matrícula extranjera. "No es lo mismo un ruso o un ucraniano que ya ha ido al cole hasta los 6 o 9 años, que un niño de Senegal que se ha criado en cabañas y no soporta llevar zapatos". Pero la inmigración, asegura Más, "ha salvado al centro", enclavado en un barrio típicamente obrero nacido hace dos décadas de la inmigración nacional que estaba en declive. "Gracias a la matrícula inmigrante y a los proyectos educativos de enseñanza compensatoria el centro tiene más recursos, un profesor más para el Programa de Acompañamiento de Inmigrantes, un psicólogo y un aula nueva de tecnología con 17 ordenadores", explica.

Según fuentes del Consell Escolar Valenciano, la inspección educativa y de Luis García Trapiello, dirigente de la federación de enseñanza de CC OO, "en las grandes capitales, en cada distrito de clase media y obrera la Administración tiene su colegio de inmigrantes", donde envían a lo largo del curso a los niños extranjeros que van llegando. El curso pasado, el 86% de los alumnos extranjeros en la Comunidad Valenciana estaba en colegios públicos.

En Cataluña, 11 escuelas públicas tienen el 70% o más de extranjeros en las aulas. Si se incluyen los institutos, el número aumenta hasta 13. La mayor parte están en algunos barrios de Barcelona, como el Raval o Sants, en la zona central de Cataluña y en Girona, en particular en la localidad de Salt, pegada a la capital. Un ejemplo paradigmático de concentración de inmigrantes y a la vez de buen funcionamiento del centro es el instituto Joan Corominas, en el barrio barcelonés de Sants. La tasa de inmigrantes ronda en este centro el 65%, dice su director, Javier Marsá. "Aquí hay matriculados, por ejemplo, 40 alumnos chinos. La mayoría son brillantes. Han llegado hace un año y sacan 10 en matemáticas. Pienso que el nivel educativo no baja porque haya más o menos inmigrantes, sino porque hay una cultura de bajo nivel de esfuerzo en el país. Los niños o jóvenes no la ven en la calle como un valor", dice Marsá.

Esta información ha sido elaborada por J. A. Aunión (Madrid), Neus Caballer (Valencia) y Sebastián Tobarra (Barcelona).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de septiembre de 2006