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CARTAS AL DIRECTOR

Libertad de expresión

En Madrid se ha impedido, se han puesto trabas, a una función de teatro. No me importa quién ni sobre qué era la función. No me importa porque no puedo ir, porque no entra en mis planes a corto plazo ir al teatro. Me importa, y mucho, que se hayan puesto trabas; me importa porque soy ciudadano de este país, de esta nación, de este pedazo de tierra donde todavía quiero vivir, y como lo quiero hacer, deseo hacerlo lo mejor posible, lo más feliz y libre que sea posible.

Con gente que prohíbe o pone trabas a un señor libre -que no ha sido condenado ni acusado, ni juzgado y que goza de ser un ciudadano libre con plenos derechos- a no actuar, no se puede vivir bien, no se puede ser libre. No voy al teatro, pero vivo aquí. Me importa mi derecho, y quiero que nadie me lo quite, que nadie juzgue por mí. Si alguien cree que el actor, director o quienquiera que sea, ha actuado fuera de la ley, que lo acuse formalmente, como corresponde a un Estado de derecho; si no, dejadme que elija si quiero ir o no al teatro, al que yo quiera.

Estado de derecho es impedir, por los medios legales, que alguien nos controle, que algo nos prive de nuestra libre elección. Jamás una decisión personal, partidista, o no emanada del pueblo, pueden desplazarnos de nuestros derechos si queremos seguir siendo un Estado de derecho... y yo lo deseo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de septiembre de 2006