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El largo viaje del último exiliado

Mañana se cumplen 25 años de la llegada del 'Guernica' a España tras las gestiones coordinadas por Javier Tusell

El Guernica, de cuya llegada a España se cumplen 25 años, resume como ninguna otra obra de arte la catástrofe de la guerra. Su crueldad y su inutilidad. Es la pieza más conocida del artista más influyente del siglo XX, Pablo Ruiz Picasso (1881- 1973). El lienzo refleja los bombardeos que el 26 de abril de 1937 desplegó la Legión Condor durante tres horas sobre el pueblo vizcaíno de Gernika hasta destruirla totalmente y causar cientos de muertos.

Pintado por encargo de la República española para la Exposición Universal de París de 1937, el cuadro fue considerado como el último exiliado que dio tumbos durante años hasta convertirse en la estrella del MOMA de Nueva York. De Manhattan salió para aterrizar en España el 10 de septiembre de 1981. Primero fue al Casón del Buen Retiro y en septiembre de 1992 se instaló definitivamente en el Reina Sofía. El mural (349,3 por 776,6 centímetros) ha sido contemplado por más de 11 millones de personas.

Fueron cuatro años de negociaciones entre el Gobierno, el MOMA y la familia Picasso

El cuadro llegó a España después de 44 años de espera en un vuelo regular de unas ocho horas de duración en el jumbo Lope de Vega de Iberia. El viaje había sido bautizado con el nombre de Operación Cuadro Grande y había sido diseñado con el mayor secretismo. El avión que lo transportaba, junto a 63 dibujos y bocetos preparatorios, llegó a Barajas a las 8.35 del 10 de septiembre, con 55 minutos de retraso. La comitiva que lo transportaba salió por la puerta trasera del MOMA con el cuadro embalado en rollos. Lo transportaron dos camiones escoltados por la policía metropolitana de Nueva York y por un equipo de geos españoles. El delicado viajero estaba asegurado en 7.000 millones de pesetas.

La operación había sido diseñada por el general Sáenz de Santamaría y por Fernández Dopico, director general de la Policía. Los inspectores y los geos se distribuyeron estratégicamente colocados entre los viajeros para evitar cualquier incidente. El mayor temor apuntaba a un posible secuestro que, afortunadamente, no se llegó a producir.

El entonces director general de Bellas Artes, Javier Tusell (el ministro era Iñigo Cavero), afirmó que al margen de posibles secuestros, "las principales preocupaciones por parte del MOMA se centraban en la reacción del público, porque se habían recibido muchos anónimos amenazantes".

El periodista Ramón Vilaró, que firmaba la crónica que publicó EL PAÍS desde el jumbo que transportaba el cuadro, describía así el emocionante vuelo: "A 10.000 metros de altura, sin turbulencias, en un vuelo apacible, el histórico Guernica viajaba por vez primera hacia tierras españolas, donde jamás estuvo expuesto. Concluía el viaje del tantas veces denominado el último exiliado".

El Guernica II, como ironizó el comandante de Iberia al preguntarle el nombre del avión, aterrizó en Barajas sin novedad, a las 8.30 del jueves. "Ahí te entrego el paquete", dijo el general Santamaría al teniente coronel de la Guardia Civil que, desde aquel momento, dirigía las operaciones de seguridad del cuadro. Los viajeros, sorprendidos por la expectación ante la llegada, supieron entonces que habían viajado con el Guernica. La discreción prevaleció hasta el último momento.

Ese feliz aterrizaje era fruto de cuatro años de intensas negociaciones entre el Gobierno, el MOMA y la familia Picasso. Marsella y Nueva York fueron escenario de muchos de esos encuentros. El árbitro de todo fue Javier Tusell, tal como reconoce y detalla el historiador holandés Gijs van Hensvergen en su libro Guernica. El propio Tusell describió en varios artículos publicados en este diario cómo habían sido las negociaciones.

En uno de ellos cuenta que el primero paso lo dio Florentino Pérez Embid, director de Bellas Artes con Carrero Blanco. La iniciativa, realizada en 1968, no tuvo éxito ante el almirante pero sirvió para empezar a desentrañar la maraña de la titularidad de la obra. Se comprobó ya entonces que el encargo fue hecho y financiado por la República y se encontraron documentos que revelan las cantidades pagadas al pintor. En uno de estos documentos se recoge un pago de 150.000 francos realizado a través de Max Aub, agregado cultural de la embajada en el momento del encargo.

Pero Tusell tendría que ocuparse después de coordinar el entendimiento con la familia del pintor. La cláusula que en vida puso el propio artista fue que la obra sólo volviera a España, y, concretamente a El Prado, cuando las libertades rigieran la vida española. En 1979, Javier Tusell y el embajador Fernández Quintanilla se dedicaron sin respiro a negociar con las partes implicadas para traer el mural a España. El Guernica, el icono artístico y político más importante del siglo XX, volvió el 10 de septiembre de 1981.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006