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CARTAS AL DIRECTOR

Otro verano perdido en la educación

Deseo exponer el caso de los muchos adolescentes que el pasado mes de junio acabaron un curso de la ESO con asignaturas suspendidas. Como ahora no hay exámenes de septiembre, este verano no han tenido que estudiar para intentar aprobar. Sus padres se han quedado casi sin argumentos para conseguir que lo hagan. Estos adolescentes se han pasado el verano haciendo las mismas actividades que sus compañeros que, porque trabajaron y aprendieron, lo aprobaron todo.

Desgraciadamente han aprendido que para pasar un verano sin necesidad de estudiar no hace falta aprobar en junio. Algunos de ellos, pese a suspender muchas asignaturas, han sido promocionados de curso, ya que la ley impide la segunda repetición y, además, permite que el centro así lo pueda decidir, sin que para ello sea necesario que el alumno llegue a unas notas mínimas.

Lo más preocupante no es lo que no aprenden, sino que no están adquiriendo ni hábitos de trabajo, ni capacidad de esfuerzo, ni sentido de responsabilidad al ver que hay una relación directa entre el esfuerzo que se realiza y lo que se consigue.

Ante todo esto no deberíamos mirar para otro lado, a fin de cuentas los padres y los profesores somos los principales responsables. El problema tiene solución. Por ejemplo, en muchas Comunidades Autónomas sí se hacen exámenes de ESO y de Bachillerato en septiembre. ¿Qué se puede hacer? Exigir a todos los partidos políticos que incluyan en sus programas electorales establecer una enseñanza de calidad, sin promoción automática y diversificada a partir de los 14 años, para que cada alumno encuentre una vía que se ajuste a sus capacidades e intereses. En democracia éste es el camino. No hacerlo nos convertiría en cómplices de lo que hay.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de septiembre de 2006