Crítica:CINECrítica
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El otro Nueva York

Las películas ambientadas en la ciudad de Nueva York suelen posar su mirada en el triunfador que pasea por sus calles con la tranquilidad del que se siente parte de un mundo que ha elegido (y que le ha elegido). También en la numerosa clase media estadounidense que lucha a brazo partido cada día por pagar las facturas. Pero sólo muy de vez en cuando el cine americano clava su cámara en ese personaje que ocupa el rincón del encuadre en las películas del primer grupo: en ese inmigrante que vende el café cada mañana al rico hombre de negocios cuando éste se dirige a su trabajo; que no paga facturas porque no posee nada, sólo el sueño de vivir en la llamada tierra de las oportunidades. El californiano de padres iraníes Ramin Bahrani ha compuesto en Un café en cualquier esquina una película neorrealista americana. Como el protagonista de El ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica, 1948), su criatura sólo posee un carro-café sin motor que le es imprescindible para sobrevivir. Así que no por casualidad, en un guiño tan cinéfilo como efectivo, Bahrani pone a su personaje en el brete de ver cómo le roban su medio de subsistencia.

UN CAFÉ EN CUALQUIER ESQUINA

Dirección: Ramin Bahrani. Intérpretes: Ahmad Razvi, Leticia Dolera, Charles Daniel Sandoval, Ali Reza. Género: drama. EE UU, Irán, 2005. Duración: 87 minutos.

La noche

Con apenas cuatro cuartos y sin permisos de rodaje, aunque con un innegable talento, el director filma la noche neoyorquina con el realismo que ofrece la verdad de la calle, la figuración espontánea del que no se sabe enfocado por una cámara.

Casi con un estilo documental y rodeando su historia de una serie de personajes repletos de matices (entre ellos la barcelonesa que interpreta con dulzura Leticia Dolera), Bahrani coloca siempre su objetivo en el lugar preciso, en el rostro más adecuado de los que forman la secuencia, adecuando así su realización al tono que pretende imponer en cada momento, pasando de la delicadeza a la amargura, de la rabia a la esperanza, en apenas un segundo.

Es una pena que el desenlace, con pretensiones de punto y seguido, sea más confuso que abierto, pero de todos modos Un café en cualquier esquina posee todas la virtudes del cine combativo. Como su protagonista, la película sale airosa de la cotidiana lucha contra las todopoderosas fuerzas de la sociedad occidental.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 17 de agosto de 2006.

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