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Siete focas árticas han llegado este verano a las costas españolas

Las aguas que separan las costas de Groenlandia y las de Canadá son el hábitat natural de las focas casco. Las crías de esta especie ártica se alejan todo lo que pueden de sus madres días después de nacer, un fenómeno que los expertos llaman dispersión. Pero en ocasiones se dispersan tanto que acaban, por ejemplo, en las costas españolas. Desde el pasado 22 de julio se han encontrado siete crías de esta especie en Galicia, Andalucía y Canarias.

La primera llegó el 22 de julio a la playa de Espiñeirido (A Coruña). La segunda, a Mugardos (el 30 de julio) y la tercera a Caveiros (5 de agosto), también en Coruña. Sólo la segunda ha sobrevivido. Tras su recuperación en el centro de la Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos (Cemma) será devuelta al océano.

El presidente del Cemma, Alfredo López, habla de "avalancha" ya que asegura que, además de las siete que han llegado a España, cuatro más han alcanzado las costas de Portugal, Marruecos y Mauritania. Estas llegadas a España ocurren "ocasionalmente", añade López, "en 2001 fueron seis, pero lo raro es que lleguen tan abajo". "Creemos que la temperatura de las zonas donde crían es más alta de lo habitual, así que buscan lugares más fríos que pueden encontrar en aguas muy profundas de la costa", explica, aunque añade que aún tienen que contrastar esta hipótesis.

Uno de los responsables de la consejería andaluza de Medio Ambiente, José Girado, aseguró que la llegada el pasado martes de tres ejemplares a las playas de Chiclana (Cádiz), de Las Tres Piedras (Málaga) y de Torregarcía (Almería) "se debe al ciclo habitual de las corrientes". "Es evidente que la causa ha sido la penetración en el Mediterráneo de las corrientes de agua fría procedentes del Atlántico", dijo. Estas tres crías se reponen en el Centro de Recuperación de Especias Marinas Amenazadas de Málaga.

El séptimo ejemplar de foca casco fue visto cerca de La Graciosa, al norte de la isla de Lanzarote, el pasado de 3 de agosto. La cría, que estaba herida, llegó a la playa, pero se volvió a adentrar enseguida en el mar, en busca probablemente del rumbo perdido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de agosto de 2006