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Reportaje:

San Francisco el Grande, a punto 34 años después

Desmontado el último gran soporte para restaurar sin andamios, a 50 metros de altura, los óleos del techado de la basílica

La iglesia basilical de San Francisco el Grande, una de las más importantes de Madrid, que desde 1761 se alza en el vértice meridional de la calle de Bailén, registra estos días un actividad inusual a consecuencia del desmontaje de una estructura de madera de grandes dimensiones que cubría el techado correspondiente al presbiterio, a unos 50 metros de altura sobre el suelo.

La operación forma parte culminante de una restauración discontinua que ha durado 34 años, ideada para recobrar la calidad de numerosas obras de arte que el templo alberga, desde obras de Francisco de Goya y Casado del Alisal, a otras de Salvador Carmona y Casto Plasencia, y atajar así las vastas humedades que las amenazan por una deficiente construcción. La restauración emprendida hace tres décadas abarcó desde la bóveda, de 72 metros de altura del suelo al cimborrio y 33 metros de diámetro -de las más grandes del mundo- hasta el coro, incluido su espléndido órgano Cavaillé Coll, en madera de roble, construido en 1884, así como gran parte de las capillas que se abren al interior del templo.

Obras de Goya, Casado del Alisal, Maella y Plasencia decoran el templo

Ahora, para evitar problemas a la feligresía, los oficios que se realizaban en el altar mayor han sido trasladados a la capilla de la Cofradía de la Purísima Concepción, que ocupa el lateral derecho del templo hacia el cual los reclinatorios y bancadas han sido virados hacia ella. El maderamen desmontado ha sido empleado desde hace un año para soportar un andamio en altura, desde el cual restaurar de cerca -a unos cinco metros- el amplio paño pintado al óleo y clavado al yeso del techo que corona el presbiterio, sobre el altar mayor. Se trata de Ángeles pasionarios y de Tránsito de la Virgen, de Manuel Contreras, y gallones de Casto Plasencia. Del techo ahora restaurado, según algunos testimonios de feligreses, se desprendió un fragmento y cayó sobre el público con estruendo durante un oficio religioso al que asistía el anterior jefe del Estado, a finales de los años sesenta. Otras obras de Francisco Jover Casanova y Salvador Martínez Cubells completan la decoración de la bóveda, considerada como la tercera de Europa en tamaño, tras la que corona San Pedro, en el Vaticano, y la mezquita estambulí de Santa Sofía.

La estructura soportal desmontada tiene forma de quilla invertida de un buque y fue diseñada por los arquitectos Ignacio y Javier Feduchi, con cálculos del ingeniero Antonio de las Casas.La aplicación de una estructura así para soportar el andamio en altura desde el que actuar es un procedimiento nuevo en Madrid, que fue concebido para ahorrar al gran templo otro año de andamios convencionales, después de que la iglesia permaneciera andamiada en su interior durante 27 años, plazo que duró la compleja y discontinua restauración.

"En un principio, pensamos hacer como se hizo en San Lorenzo de El Escorial para el tratamiento del techo del coro: se colocó una apoyatura sobre el zócalo de su cornisa", explica Ignacio Feduchi. "Sin embargo, en este templo, la cornisa no nos ofrecía garantías de sujeción y optamos por fijar ese juego de cuadernas, al modo de grandes costillares", explica el arquitecto. Consta de 22 costillas curvadas de madera laminada de unos 14 metros de luz cada una de ellas, un espesor de 45 centímetros y 14 centímetros de anchura, hechas con tableros de contrachapado muy resistente, con fibras cruzadas y tratado contra la humedad, con una película de 25 milímetros.

La restauración, iniciada años atrás por Antonio Sánchez Barriga, ha sido rematada por Juan Ruiz Pardo, del Instituto del Patrimonio Histórico Español, organismo del Ministerio de Cultura. Ha contado con un presupuesto de 334.280 euros. La construcción ha corrido a cargo de la empresa Comsa y de la francesa Paul Gauthier; el andamio es de la compañía IMD. El desmontaje culminará en agosto.

Recientemente, los ventanales de la iglesia, combados por la curvatura de la fachada del templo, han sido cubiertos con cristaleras para neutralizar desprendimientos.

Hace dos años, el pavimento de mosaico del atrio fue restaurado y durante esas obras fueron descubiertas fosas que se creía habían servido de enterramientos a próceres como Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo o Pedro Calderón de la Barca, cuyos despojos habían sido allí reunidos en 1869 para convertir el templo en Panteón de Hombres Ilustres; pero fuentes arqueológicas consultadas lo descartaron. San Francisco el Grande, regentado por la Orden Franciscana, cuyo emplazamiento data del siglo XIII, está regido por la Obra Pía de los Santos Lugares, institución medieval decana de las de Madrid, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de agosto de 2006