La presión de los militares fuerza al Gobierno israelí a romper la tregua

Los supervivientes de la matanza del sur de Líbano huyen de la guerra

El Gobierno israelí cedió ayer a las presiones del Ejército y mantuvo los ataques en el sur de Líbano, rompiendo la tregua de 48 horas que anunció la noche del domingo tras la oleada de cólera internacional por la matanza de decenas de niños en Qana. "La lucha continúa. No hay tregua ni la habrá en los próximos días", advirtió el primer ministro, Ehud Olmert. Entre el eco de los bombardeos israelíes, uno de los supervivientes de Qana clamaba ayer: "Si tengo que morir, moriré aquí. No quiero perder mi tierra como los palestinos".

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"Sea cual sea la negociación del alto el fuego, el Ejército israelí está preparado para una larga batalla", declaró el teniente coronel Tzachi Zegev para expresar la posición del Ejército. "Si se declarase un alto el fuego inmediato, los extremistas volverían a levantar la cabeza", afirmó ayer el ministro de Defensa israelí, Amir Peretz, en una tensa sesión de la Knesset, el Parlamento israelí. Peretz confirmó que el Ejército israelí va a refozar su ofensiva terrestre contra Hezbolá y que recurrirá a los bombardeos aéreos cuando considere que sus tropas o sus civiles estén amenazados. Fin de la tregua.

En medio del caos provocado por la huida de civiles en el sur de Líbano, los supervivientes de la matanza aseguraban ayer que llegó a haber hasta 110 personas refugiadas en el sótano del edificio bombardeado, informa Ángeles Espinosa desde Qana. "Recuperamos 22 cadáveres de niños; de los otros 7, sólo fragmentos", explicaba uno de los agentes de seguridad. La Administración estadounidense, entretanto, se vio presa de sus contradicciones: mientras Condoleezza Rice, que el domingo había conseguido esa fugaz tregua israelí, defendía un alto el fuego "urgente", el presidente George Bush precisó que no será "inmediato".

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