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Cartas al director

Insondable

Soy consciente de que los misterios de la Iglesia son insondables. A pesar de ello, no deja de producirme asombro su actitud respecto a numerosas cuestiones de la vida cotidiana, como por ejemplo su empeño con la familia y su crítica a la homosexualidad. Produce estupor escuchar a quienes voluntariamente han renunciado a tener familia ponderar las virtudes de la misma. Y causa repugnancia la crítica a la homosexualidad en una institución que se caracteriza por dar amparo a la pederastia en su seno. Especialistas en retorcer el sentido de las palabras, han expulsado de su diccionario la palabra coherencia. ¡Qué cruz.

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