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Reportaje:ESCAPADAS

Moguer, blanca y barroca

Visita en el aniversario de Juan Ramón Jiménez

Allí nació el autor de 'Espacio'. Arquitectura gótica y barroca, playas luminosas, tapas, y el legado de la cultura árabe. Una ciudad blanca que para el poeta siempre fue un puerto al que volver.

En su Platero y yo, Juan Ramón Jiménez la definió como un "pan de trigo, blanco por dentro como el migajón, y dorado en torno -oh Sol moreno- como la blanda corteza". Y a decir verdad, cuesta encontrar mejor ilustración de Moguer, ciudad andaluzamente blanca, en la que nació el poeta que se definió a sí mismo como "andaluz universal" y de quien este año se cumple el 125º aniversario del nacimiento y el cincuentenario de la concesión del Premio Nobel.

Para celebrarlo se acaba de publicar un nuevo poemario, Ellos (Linteo, 2006), que cuenta con 82 textos, 22 de los cuales son inéditos. Un libro que Juan Ramón empezó a concebir desde su juventud, dedicado a su madre, a su hermano, a algunos amigos de Moguer, y que, por su ternura, desmitifica la fama de esquivo que rodeó al poeta. La ciudad donde nació en 1881 se levanta a la izquierda del río Tinto, una parada en la ruta colombina.

Hacia las tres de la tarde, las barras de La Bodeguita, en la plaza de la Coronación, o de La Parrala, en la plaza de las Monjas, no dan abasto. El rabo de toro y las coquinas mantienen un reto, a ver quién se acaba antes. El rabo quema, pero las coquinas son más, así que mejor pedir también unas gambas de la zona, blancas y señoriales como las fachadas de la ciudad. A pesar de la fama del vino de naranja, vermut representativo, el fino se desmarca de él y de la cerveza y se consolida como protagonista de las bebidas.

Ya con la brisa soplando y con el sol en declive, Moguer muestra su luz más auténtica. Las calles, las fachadas, los azulejos se empapan de claridad. Su máximo exponente arquitectónico es el monasterio de Santa Clara (monumento de entre los siglos XIV y XVI), de estilos gótico-mudéjar y renacentista, sede del Museo Provincial de Arte Sacro, cuya enormidad y situación geográfica, muy céntrica, hace que toda la ciudad gravite en sus alrededores. No muy lejos se encuentra el castillo, que simboliza la capacidad de absorción de Moguer: antigua defensa romana, con aljibe árabe, después bodega, hoy reconvertido en oficina de turismo.

El muelle de la Ribera

Bajando por la misma calle del Castillo, de camino a la casa natal de Juan Ramón Jiménez, se encuentra otro monumento distintivo: el convento de San Francisco, de donde salieron evangelizadores de América en el siglo XVI, que combina los estilos renacentista y barroco y destaca por un claustro manierista con un anexo que acoge la Biblioteca Iberoamericana. Al salir, basta seguir San Francisco abajo para llegar al muelle de la Ribera, histórico puerto donde se construyó la carabela Niña, que después cruzara el charco en la expedición de Colón. El puerto es la antesala a las playas de Mazagón. Y es que desde aquí y hasta Portugal, la Costa de la Luz se extiende en larguísimas playas como La Antilla o Isla Cristina, que brindan arena extrafina y exquisitos baños lejos de agobios.

En el número 3 de la calle de la Ribera está la casa natal de Juan Ramón. Hace esquina con la calle de Zenobia Camprubí, esposa del poeta, y mucho más que eso. Se casaron en Nueva York, en 1916, mientras recorrían Estados Unidos. En Moguer pasaron temporadas en el palacio del siglo XVIII que hoy es una casa museo que lleva sus nombres, en la calle de Juan Ramón Jiménez. El fondo conserva libros, fotografías y documentos.

En 1936, el matrimonio consiguió visado y se fue a América, para vivir después en Puerto Rico, Cuba y Florida. Pero Moguer siempre estuvo en mente del poeta, como demuestra El dormir es como un puente, texto que Enrique Morente transformó en la bulería que lleva el mismo nombre del pueblo para que la interpretara Estrella Morente, su hija, y que dice: "Mi vida fue salto, revolución, / naufragio permanente; Moguer, / Puerto de Santa María, Moguer, / Sevilla, Moguer...". En 1956, la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel. Tres días después murió Zenobia. Juan Ramón aguantó tres años. Murió en Puerto Rico. Pero sus restos están en un panteón, en las afueras de Moguer.

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Eusebio Lahoz (Barcelona, 1976) es autor de Leer del revés (Ediciones El Cobre)

GUÍA PRÁCTICA

Comer y dormir- Mesón La Parrala (959 37 04 52). Plaza de las Monjas, 22. Por 15 euros.- Complejo turístico rural Nazaret de Moguer (959 37 30 32). Carretera del Algarrobito, kilómetro 2. Habitación doble, desde 85 euros.Información- Oficina de turismo (959 37 23 77).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de julio de 2006

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