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COLUMNA

Las vigas

Estoy algo perpleja con las cosas que veo y leo últimamente. Tomemos, por ejemplo, el tedioso asunto del Estatuto catalán, de su bajo porcentaje de participación (48,8% del censo) y de esa votación que todos aseguran haber ganado. Para apoyar sus argumentos, los unos dicen que el actual Estatuto de Galicia fue aprobado en 1980 en un referéndum con sólo un 28,36% de votantes, cosa que no impidió que el PP gobernara en esa autonomía con total legitimidad; y que cuando salió la Constitución europea, en 2005, con el 41,8% del censo, Acebes, secretario general del PP, no sólo consideró el resultado un éxito, sino que vino a decir que abstenerse era una forma de participar.

Pero los otros también saben rebuscar en las hemerotecas y tienen sus perlas para citar. Y así, nos cuentan de la enmienda que CiU presentó en el Senado en el pasado mes de marzo, pidiendo que se fijara un mínimo de participación del 50% del censo en los referendos "para que el mismo pueda ser declarado válido". Que Artur Mas, la cabeza de CiU, declaró días antes del voto a la Constitución europea que si había una abstención superior al 50% quedaríamos como un país "al que le resbala la Constitución y la propia Unión Europea". Y que el 1 de febrero de este año, Zapatero dijo, hablando del plan Ibarretxe, que "las normas políticas aprobadas con el 51% acaban en el fracaso".

¿Y qué viene a demostrar todo esto? Pues que por la boca muere el pez, que uno ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, que la vida es según el color del cristal con que se mira y demás sabios refranes al respecto sobre la parcialidad y la majadería del ser humano. Y digo yo: estos especialistas en rebuscar las pifias en las hemerotecas, ¿no encuentran las propias contradicciones? ¿O tal vez no las ven? ¿Tan cegados estamos por nuestros prejuicios? Y lo mismo sucede con la tregua de ETA, un tema en el que, dependiendo del periódico que leas, parece que estás en un país diferente. Por favor, un poquito de prudencia por ambas partes. Todo esto, esta riña como de patio de colegio, daría risa si no produjera tanta congoja. Un término, por cierto, que viene de la hermosa palabra catalana congoixa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de junio de 2006