Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
El futuro de Cataluña

Maragall renuncia a un segundo mandato y abre paso a Montilla para sucederle

Sometido a importantes presiones por parte de su partido, al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, no le quedó otro remedio que anunciar, ayer, su renuncia a un segundo mandato y abrir paso al primer secretario del Partit dels Socialistes (PSC), José Montilla, para que le suceda como candidato socialista a las próximas elecciones autonómicas que, muy probablemente, se celebrarán el 22 de octubre. "Me marcho con los objetivos cumplidos y para dar paso a una nueva generación", dijo Maragall en un comunicado institucional que leyó ayer a mediodía.

Con estas palabras, un emocionado presidente de la Generalitat, despejaba todas las dudas que planeaban sobre su persona y el PSC, que a apenas cuatro meses de las próximas elecciones y con Convergència i Unió al alza en las encuestas no contaba con un candidato claro. Las presiones del PSC a Maragall para que anunciara su retirada se habían redoblado en las últimas 24 horas, para evitar que tal movimiento se interpretara en Cataluña como una orden del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, con quien el presidente de la Generalitat se reunirá hoy en La Moncloa para hablar del despliegue del Estatuto.

El jefe del Ejecutivo catalán asegura que, pese a las presiones del PSC, éste continúa siendo su proyecto político

Las elecciones autonómicas se celebrarán el próximo 22 de octubre, según fuentes socialistas

El presidente de la Generalitat de Cataluña anuncia que se retira con "los objetivos cumplidos"

Evitar dar la imagen de un PSC subordinado al PSOE fue lo que le pidió, precisamente, José Montilla a Pasqual Maragall en una de las conversaciones telefónicas que mantuvieron el pasado martes horas antes de que Maragall le comunicara formalmente su decisión de renunciar a su candidatura. Pero a pesar de todas estas conversaciones, Montilla no tuvo el conocimiento formal de la decisión del presidente catalán hasta después de cenar. Al filo de medianoche, Pasqual Maragall llamaba al también ministro de Industria para comunicarle su retirada. Y la noticia llegó a oídos de la mayor parte de los miembros del Gobierno bien entrada la madrugada.

Anuncio en la escuela

Sin embargo, no fue hasta primera hora de la mañana de ayer que Maragall quiso confirmar la noticia. Y para hacerlo eligió un escenario muy parecido al de su primer acto como presidente de la Generalitat el 18 de diciembre de 2003: una escuela. El presidente autónomo, que tenía programada una visita al centro Mare Nostrum de Barcelona, mantuvo un coloquio con alumnos de sexto de primaria, sin periodistas. Y respondió con un "no" cuando uno de los alumnos le preguntó si volvería a presentarse como candidato.

Tres horas después, ya en el Palau de la Generalitat y ante decenas de informadores y colaboradores suyos, Maragall confirmaba su marcha con los "objetivos cumplidos". Y para demostrarlo se remontó a un discurso de 1998, justo cuando anunció que se disponía a disputar la presidencia de la Generalitat al nacionalista Jordi Pujol. Sus cuatro grandes objetivos, ya incluidos en aquel discurso fueron, recordó: Hacer posible la alternancia política en Cataluña después de 23 años de nacionalismo, construir un nuevo proyecto con las izquierdas catalanas, avanzar en la configuración de la España plural y convertir al PSC en el primer partido de Cataluña. "Y estos objetivos están conseguidos", concluyó.

Sin embargo, Maragall se marcha seriamente cuestionado por su partido que, pese a admitir el tirón electoral del actual presidente, ya no le ve como una pieza válida. De entrada, por las incomodidades que genera un candidato tan poco disciplinado con el partido. Pero, sobre todo, porque en el PSC existe el convencimiento de que Maragall puede no ser capaz de ganar a Mas después de haber vencido a CiU en dos ocasiones. En los últimos días Maragall había respondido a esto recordando que siempre ha vencido en los comicios a los que se ha presentado, tanto municipales como autonómicos. En el PSC, sin embargo, consideran que la figura de Maragall está muy vinculada a un proyecto político truncado, el tripartito, y que presentarlo como cabeza de cartel implica que el PSC acuda a las elecciones bajo el estigma de ser un futuro rehén de ERC. El recambio de Montilla, en cambio, es visto como una apertura en las posibilidades de pactos futuros: el PSC se abre a las fuerzas de izquierda, pero también a CiU.

Jugar al despiste

Maragall, que durante la campaña electoral del referéndum estatutario jugó al despiste permanente lanzando mensajes de continuidad y de retirada en casi todos sus mítines, aseguró ayer que su decisión estaba "madurada desde hace tiempo". De hecho, tanto en el entorno de Maragall como en el de José Montilla se admitía como hipótesis válida el hecho de que el presidente de la Generalitat hubiera comunicado su decisión a Montilla ya antes del referéndum.

Y en su discurso de ayer, Maragall quiso evitar cualquier palabra que pudiera sonar a reproche hacia su partido. Todo lo contrario. Destacando que su gran objetivo a largo plazo, la consecución de un nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña, se ha añadido también a su lista de haberes, el presidente de la Generalitat enfatizó el papel de su partido en todo el proceso. Dijo del PSC que es el partido que "más ha hecho" por el éxito del Estatuto y proclamó que seguirá siendo su proyecto político.

Con todo, y con 65 años cumplidos, dejó claro que es momento para que "una nueva generación" coja las riendas de la política catalana. "La Cataluña del nuevo Estatuto debe ser gobernada por una nueva generación que aleje al país de la política irritada y del tacticismo", manifestó.

Aunque Maragall no mencionó ayer a Montilla, en el PSC nadie duda de que será el candidato. Y el duelo de las urnas puede ser antes de lo que el mismo presidente había insinuado: el 22 de octubre. Al menos ésta es la fecha con la que trabajan ya los socialistas. Y es que Maragall no quiso acabar de desvelarla. Sólo apuntó que convocará las elecciones a finales de agosto. Y según el nuevo Estatuto, los comicios deben celebrarse entre 40 y 60 días después de la disolución del Parlamento. Así las cosas, todos los partidos esperan que el presidente aproveche la sesión de control a la que se someterá hoy en el Parlamento autónomo para aclarar la fecha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de junio de 2006