Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
OPINIÓN

Zeitgeist (El espíritu actual)

Durante siglos, el acceso a la información, así como su capacidad de difusión, ha estado controlado por los estamentos más pudientes y cultos de nuestras sociedades. Actualmente, Internet ha derrumbado muchas de las barreras que separaban a la gente de la información, consiguiendo así una democratización real del acceso al conocimiento de la humanidad.

Con un gesto tan sencillo como teclear un par de palabras clave, podemos obtener información prácticamente sobre cualquier tema. En unos minutos cualquiera puede comparar precios, productos o políticas, por lo que no es sorprendente que los consumidores estén aprovechando esta capacidad para comprar mejores productos y servicios, para denunciar responsabilidades y, sobre todo, para expresarse libremente.

La democratización de la información ha potenciado las individualidades. Ya no tenemos que fiarnos a ciegas de lo que las empresas, los medios o los políticos nos cuentan. Mientras que antes la gente tenía que esperar a que le contasen las noticias, ahora es precisamente esa gente la que decide qué noticia es relevante para ellos. Por otra parte, cada vez son más los que deciden comentar ellos mismos los acontecimientos, y buena prueba es que se crea un blog cada segundo.

La digitalización permitirá que los habitantes de los países en desarrollo tengan acceso a la misma información que tiene Occidente.

Le gente tiene mucho que decir. Ese es el primer principio de Internet. Ya no se conforman con ser receptores pasivos de información, ahora quieren controlar los medios y no al contrario.

Los detractores de Internet cuestionan si tener acceso a tanta información es realmente beneficioso para nosotros, así como dónde radica la bondad de que los usuarios puedan desarrollar fácilmente sus propios contenidos siendo muchos de estos de dudosa calidad. Estas inquietudes son totalmente legítimas. De hecho, el uso de Internet que hacen algunas personas es, cuando menos, decepcionante.

Sin embargo, la gente en general es una verdadera experta en diferenciar los productos buenos de los malos o, en su caso, la información verdadera de la falsa. De hecho, ha sido precisamente la liberación del usuario final la que ha propiciado el éxito actual de Internet.

Hace poco me di cuenta del nivel de ingenio del hombre cuando descubrí que casi una cuarta parte de las búsquedas que se realizan en Google son nuevas. Lejos de atolondrar nuestra inteligencia, tal como algunos afirman, este increíble dato demuestra que, en realidad, Internet está alimentando nuestra curiosidad, promoviendo así que nos planteemos más preguntas cuyas respuestas no hacen sino ampliar las fronteras de nuestro conocimiento.

Cuanto más acceso a la información tengamos, mayor uso haremos de ella. Hoy en día hay más de 1.000 millones de usuarios de Internet que contactan, comunican y comparten información. Pero no hay que olvidar que esta cifra representa sólo una quinta parte de la población mundial y que la mayor parte de ellos viven en países desarrollados.

Con el tiempo, la digitalización posibilitará que los habitantes de los países en vías de desarrollo tengan acceso a la misma información de la que disfrutamos en Occidente. Un estudiante de África podrá, por ejemplo, consultar trabajos de investigación de cualquier parte del mundo o ver los manuscritos antiguos conservados en alguna biblioteca de Oxford. No obstante, el aislamiento digital existente en la actualidad hace imposible que esto suceda de forma inminente. La penetración de Internet en los países desarrollados es casi 10 veces superior a la de los países en vías de desarrollo.

En los países en vías de desarrollo, las líneas fijas de teléfono sólo son accesibles para los más ricos establecidos en las áreas urbanas. En la África subsahariana, por ejemplo, menos del 1% de los hogares tiene teléfono fijo, e incluso en el supuesto de que todos los hogares contasen con conexión de banda ancha, la mayoría de las familias no podrían permitirse el lujo de comprar un ordenador cuyo coste es varias veces superior a sus ingresos anuales medios. Por este motivo, estoy convencido de que el acceso a Internet a través de la telefonía móvil va a desempeñar un papel crucial a la hora de reducir las barreras de acceso al conocimiento que separan a ricos y pobres.

Los teléfonos móviles son más baratos que los PC, el número de móviles triplica al de ordenadores, su penetración crece al doble de velocidad que la de éstos y cada vez son más los que incorporan acceso a Internet. Es más, el Banco Mundial calcula que más de dos tercios de la población global viven dentro del área de cobertura de alguna red de telefonía móvil. Los móviles van a protagonizar el nuevo fenómeno de Internet. Son la llave de un mayor acceso para todos, con todos los beneficios que esto supone.

Sólo han sido necesarios algunos años para que Internet se haya instalado en el epicentro de nuestras vidas. Desde la invención de la televisión, no había surgido ninguna tecnología de comunicación que supusiera un cambio de esta magnitud en nuestro vida cotidiana. Consecuentemente, muchas veces olvidamos que Internet es prácticamente un bebé (tan sólo el 10% de la información está en la Red). Y, como cualquier niño, Internet intenta ampliar los límites establecidos por el sistema: modelos de negocio del siglo pasado, los medios tradicionales, la noción históricamente aceptada en jurisdicción nacional e incluso el arraigado concepto sobre centralización del control.

Nos enfrentamos a un reto colectivo. Algunas de las presiones, en su mayoría provenientes de aquellos gobiernos con el poder de regular y legislar, caerán por su propio peso y tendrán que desaparecer. Y en lugar de centrarse en cómo controlar la web, los legisladores deberían concentrar sus esfuerzos en cómo facilitar el acceso a Internet a más gente en más países.

La recompensa es vivir en un mundo en que todas las personas empiezan su vida con acceso a la misma información, con las mismas oportunidades para aprender y con la misma capacidad de comunicación. Y, en mi opinión, merece la pena luchar por un mundo así.

Eric Schmidt es director general mundial de Google Inc.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de junio de 2006