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CARTAS AL DIRECTOR

Mal paralelismo, señor Acebes

Estupefacto me quedé, y en esas me hallo, cuando el señor Acebes habló, en el Parlamento de todos, de que los últimos robos con violencia eran producto de haber realizado aquel periodo de regularización de extranjeros.

Une robos y violencia con personas que llegan de manera ilegal, tejiendo una madeja muy fina y peligrosa entre emigración e inseguridad. Un discurso que pensé que era de otros tiempos y de otros lugares. Ahora que me percato, y ateniéndome a las palabras del señor Acebes, quién sabe si mi amigo Pablo, argentino de nacimiento, será un peligroso delincuente que un día me atará a la pata de una silla y me robará, o quizá lo sea un vecino saharaui, que claro además de ser emigrante... ¡es de color! Cualquier cosa.

Gracias a esos gritos ahora se pueden escuchar en la calle frases tan abruptas como: "Estamos invadidos" o "Estos se harán con el país". Sin embargo, nadie protesta cuando un camerunés está trabajando en agosto a 40 grados mientras realiza trabajos en la famosa M-30, o cuando al señorito que dice esas frases le trae un ecuatoriano, la comida de su menú diario. Podemos sumar y seguir hasta la extenuación.

Pero quizá deberíamos pararnos a pensar de dónde viene esa emigración violenta y por dónde pasa. Descubriríamos que no viene en pateras de cristal, ni se juegan la vida en camiones para pasar Algeciras. Seguramente viene en cómodos autobuses de línea regular y pasa por los Pirineos libremente. Pero claro, si vienen desde el norte es distinto: son europeos.

Un último punto a recordar a personas como el señor. Acebes, que deben tener corta memoria o haber tenido suerte en su familia y no haber sufrido el exilio: ¿cuántos países del mundo conoce en los cuales no haya residiendo ningún español emigrante? Seguramente que muy pocos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de mayo de 2006