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Reportaje:ESCAPADAS | Zumaia | Fin de semana

Villa de museos y acantilados

Convertida ya en uno de los enclaves turísticos de renombre de la costa vasca, Zumaia conserva aún apuntes sugerentes que la convierten en algo más que un lugar de veraneo elitista: la abundancia de museos, con el de Zuloaga al frente; sus enérgicos acantilados, lugar de encuentro de geólogos de todo el mundo, o la capacidad de sus playas para crear olas que convocan a los mejores surfistas.

En cierto modo, Zumaia se presenta al visitante como reflejo de su juventud histórica, pues fue fundada un siglo después que Zestoa o Getaria, y también por lo característico de su paisaje costero, único en todo el Cantábrico. Sus habitantes siempre tuvieron que pelear por sus derechos frente a las localidades vecinas, mejor establecidas. El motivo, las posibilidades que ofrecía la ría del Urola para el atraque de barcos en su ensenada y el comercio de mercancías. Y no cabe duda que su personalidad también queda marcada por los kilómetros de acantilado, conocido como flysch costero, que alcanza hasta 150 metros de altura.

Su paisaje costero del Cretácico inferior es único en toda la costa del Cantábrico

Para comprender su atractivo, sólo hay que fijarse en el pintor Ignacio Zuloaga (1870-1945), quien se inclina, en su madurez, por la villa costera como lugar de trabajo predilecto. Lo encuentra en una vieja ermita consagrada a Santiago, cuatro paredes desportilladas rodeadas de dunas. En pocos años recuperó aquella parada donde se alojaban los peregrinos a Santiago a la espera del barco que salvara la ría. En 1913, están habilitadas las dependencias y el jardín de Santiago Etxea que hoy se pueden contemplar como entonces.

En el museo, junto a la obra del pintor eibarrés, se pueden ver piezas del Gótico al Renacimiento, con muestras excelentes de arte flamenco. También cuenta con cuadros del Greco, Zurbarán, Goya o Solana, que dan paso a la capilla, donde destaca un magnífico Cristo expresionista del escultor Julio Beobide (1891-1969), iluminado por el propio Zuloaga, su íntimo amigo.

Beobide es el titular de otro museo en la localidad. Ubicado a la orilla de la ría, muy cerca del estuario del Urola, el centro conserva todo el sabor del animado taller que fue hasta su muerte. Igual que ahora pasean por sus salas grupos de niños que acuden a descubrir los rudimentos de la escultura y disfrutar con las obras del artista, cuando vivía Beobide contaba con las visitas de otros artistas y amigos.

Ambos artistas se acercarían en sus paseos en más de una ocasión hasta los acantilados que van desde la playa de Itzurun hasta Deba. Según los geólogos, los acantilados de Algorri proceden del Cretácico inferior, cuando en esa época el territorio guipuzcoano se hallaba sumergido. Los fósiles de ammonites y bivalvos, entre otros, y las pistas y huellas de excavación o perforación recuerdan que allí hubo seres vivos, ahora atrapados por el tiempo y la roca. Cada capa de sedimentos, ahora verticales -de ahí el interés del acantilado-, es la página de un inmenso libro que narra parte de la fascinante historia de la Tierra.

El lego en materia geológica también puede disfrutar de estos acantilados sobre los que se asoma la ermita de San Telmo y junto a los que pacen -como si a dos pasos no estuviera el abismo- las vacas en los pastizales que llegan justo al borde, donde ya comienza la huella del Cretácico. Y, tras el paseo iniciático, acercarse al Centro de Interpretación Algorri, en el centro del pueblo, donde se explican fenómenos como la rasa mareal (como también se conoce al flysch), los encinares del barrio de Artadi y otras riquezas naturales de la localidad.

Concluido el recorrido cultural y ecológico, llega el momento del disfrute del que fue emblemático pueblo de marinos y comerciantes. La categoría de la iconografía que conserva su iglesia de San Pedro, más fortaleza que templo, es fiel reflejo de la apertura de Zumaia al mundo, que ahora vuelve a dialogar con la villa, no en forma de tríptico flamenco renacentista, sino de tabla de surf.

Del 'flysch' a Zuloaga y Beobide

Cómo llegar: Zumaia se halla en la costa guipuzcoana, entre Deba y Getaria. Tiene salida propia en la A-8, pero se puede aprovechar el recorrido a lo largo del mar que ofrece la N-634 y salir en Zarautz y Getaria para disfrutar del paseo junto al Cantábrico.

Comer: Destacan el restaurante Marina Berri, en el puerto deportivo (943 86 56 17) y los asadores Bedua (943 86 05 51) y Basusta (943 86 20 73), sin olvidar el restaurante de carretera Iriondo (943 86 13 90). Otras referencias: Aita Mari (943 86 13 95), Talai-pe (943 86 13 92) o Tomás (943 86 05 71).

Dormir: La principal referencia es el hotel Zelai, con servicio de talasoterapia (943 86 51 00). El otro hotel del pueblo es el Zumaia (943 14 34 41). La pensión Goiko se halla en el centro del pueblo (696 58 48 04 / 943 86 00 78). Y se se puede acudir a cuatro agruturismos: Jesuskoa, en un caserío rehabilitado considerado patrimonio histórico (943 14 32 09 / 635 75 88 49); Karakas (943 86 17 36); Landarte (943 86 53 58) y Santa Klara (943 86 05 31 / 639 87 96 11)

Qué hacer: Además del paseo por el perfil costero, que se puede considerar un auténtico museo geológico al aire libre; la localidad cuenta con otros tres centros:

- Museo Zuloaga: Santiago Etxea (943 86 23 41). De miércoles a domingo, de 16.00 a 20.00.

- Museo-taller Julio Beobide: Paseo Julio Beobide (943 14 34 37 / 943 86 05 64). Visitas a concertar previamente. El taller del escultor se abrió tras su muerte en 1969, aunque hasta 1989 no tomó su apariencia actual.

- Museo Laia: Barrio Santiago, frente al Museo Zuloaga (943 86 25 12).

- Centro de Interpretación Algorri (943 14 31 00).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de mayo de 2006

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