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CARTAS AL DIRECTOR

Profesores interinos

Como "temporeros" de la denostada "orden mendicante" del profesorado, quisiéramos denunciar el "hecho diferencial" que conformamos los interinos gallegos.

Además de sufrir la problemática general de la educación (de la que todo quisqui opina, la mayoría desde la más absoluta ignorancia), observamos con estupor cómo se nos niegan derechos elementales concedidos a otros colectivos.

Se cuestiona nuestra formación, se desdeña nuestra experiencia, se nos deniega el derecho al cobro de trienios y sexenios y se nos obliga a ejercer a grandes distancias de nuestros hogares, destino que conocemos apenas dos días antes de la incorporación al mismo. Para colmo vemos cómo plazas que, en razón de méritos académicos y antigüedad nos corresponderían, se conceden una vez iniciado el curso por "imprevistos" de última hora de la administración.

Nuestro peculiar sistema de acceso a la función pública dista enormemente del aplicado a profesionales de idéntica categoría académica (médicos, veterinarios) e incluso inferior. Somos juzgados por tribunales que presiden personas designadas a dedo, con criterios poco definidos y sin la menor garantía de anonimato. No se nos computan publicaciones y un doctorado se valora como una diplomatura (un master, ni se contempla).

A esto se añaden perjuicios que, con respecto a otras profesiones y otras comunidades autónomas, nos resulta imposible enumerar por falta de espacio.

Ésta, y no otra, es la realidad de ese "chollo" que muchos envidian.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de mayo de 2006